Nace
una universidad pobre pero henchida de ideales
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| Edificio
en Nuñez 28, primera sede de la Universidad. |
El acuerdo adoptado
de que los estudiantes opuestos a la educación socialista fundarían
su propia universidad, sin ningún apoyo estatal, dejó al
gobernador convencido de que había triunfado su causa porque creía
que el proyecto era absolutamente irrealizable y que los estudiantes habían
aceptado un imposible, al tiempo que Carlos Cuesta y compañeros
tenían esperanzas de que la buena voluntad de la comunidad universitaria
y la sociedad civil estarían de su parte, como en las manifestaciones,
para apoyarlos. Y no se equivocaron. Su primer paso fue dividirse las
tareas fundacionales como arrendar casas para las escuelas y facultades,
establecer planes de estudio, organizar el plantel de profesores e iniciar
la matrícula, mientras que se tramitaba la incorporación
de los estudios a la Universidad Nacional Autónoma de México,
todo lo cual se consiguió en pocos meses porque el anhelo de los
jaliscienses de contar con una universidad libre se tradujo en hechos
concretos. Hubo donaciones para instalar, aun con mucha modestia, escuelas
y oficinas. Lo más granado del profesorado de la antigua Universidad
se enlistó para enseñar en la Universidad Autónoma
con renuncia total de sus honorarios; médicos, abogados, arquitectos,
químicos y odontólogos de prestigio dieron clases en sus
propias clínicas y laboratorios y otros donaron o prestaron sus
bibliotecas privadas a las facultades, de manera que muy pronto fue evidente
que el nivel de estudios de la universidad "pobre" era más
elevado que el de los Institutos Socialistas que recibieron, acrecentado
con edificios y presupuesto, el anterior patrimonio universitario.
Ante esta situación,
el gobernador Topete y Julio Acero, Director de Educación Superior,
se propusieron bloquear la legalidad de los estudios. Acero firmó
un comunicado que decía que el Estado "no prohijaría
planteles formados por particulares en mengua de la soberanía
local" y que "La Universidad Nacional no puede rectamente
autorizar facultades fuera de su seno y dentro de los Estados y si lo
hiciere éstos legalmente podrían negar toda validez a
los estudios consiguientes", a lo que la Autónoma respondió,
ley en mano, que el Estatuto de la Universidad Nacional autoriza, en
su artículo 3º., "la incorporación de planteles"
y el Reglamento de Incorporaciones, artículo 1º., establece
que "se considera incorporada la enseñanza impartida por
la UNAM dentro o fuera de ella.
La Universidad otorga
a los certificados que acrediten dicha enseñanza incorporada
la misma validez, consideración académica y efectos legales
que otorga a los suyos propios". Y en su artículo tercero
dice: "Puede ser materia de incorporación la enseñanza
que impartan planteles educativos, oficiales y particulares, del Distrito
Federal, Territorios y Estados de la República".
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| Los
primeros estudiatnes practicaron en laboratorios privados. |
La Universidad Autónoma,
incorporada desde un principio a la UNAM, contó en todo momento
con el respaldo legal de sus títulos y estudios, prolongándose
por años el empeño de Julio Acero en desconocer como legal
el ejercicio profesional de las generaciones de autónomos que comenzaron
a ejercer su profesión con títulos de la Universidad Nacional.
El propio presidente Cárdenas y Plutarco Elías Calles, a
quienes Acero acudió en busca de respaldo a su cerrazón,
no dieron paso en contra de la ley.
El periódico universitario
"Voz nuestra" de octubre de 1938 consignó que Manuel
Gómez Morín y después Fernando Ocaranza, rectores
hasta 1934 el primero y su sucesor el segundo en la Universidad Nacional,
comprendieron el interés que para la cultura nacional tenía
apoyar la causa de la autonomía universitaria por la que se batallaba
en Jalisco, por lo que la apoyaron. Fue Gómez Morín "quien
promovió la reforma del Reglamento de Incorporaciones para hacer
posible la incorporación de centros de enseñanza superior
en los Estados. Al señor Rector Ocaranza y al Secretario don
Angel Caso correspondió otorgarnos el primer acuerdo de incorporación",
que por cierto gestionó personalmente Carlos Cuesta Gallardo.
El siguiente rector de la UNAM, Luis Chico Goerne, inspeccionó
personalmente en Guadalajara la Universidad y le otorgó incorporación
permanente.
El primer rector
de la Universidad Autónoma de Occidente fue el licenciado Agustín
Navarro Flores, bajo cuyo mandato se organizaron las primeras facultades.
El día 5 de mayo nombraron Director de la Escuela de Jurisprudencia
al Lic. Alberto G. Arce; el día 15 fueron designados como Director
y Secretario de la Escuela de Medicina los doctores Adolfo Saucedo y
Esteban Cueva Brambila; el doctor Agustín Hernández fue
el primer Director de Odontología; el ingeniero Luis Ugarte lo
fue de Ingeniería y la profesora María Villanueva asumió
la dirección de la Preparatoria.
Como se dijo, los
más connotados profesionistas de cada carrera formaron la nómina
de profesores, sin cobrar y facilitando instrumentos de enseñanza.
Más aún, muchos de ellos fueron hostilizados por los organismos
oficiales en su ejercicio profesional y despedidos los que tenían
cargos en el gobierno, como los doctores Rafael Moreno Castañeda,
Cristino Sendes, Salvador Urzúa e Hilarión Hernández
Camacho, así como el benemérito científico, presbítero
Severo Díaz, Director del Observatorio Meteorológico del
Estado.
En su primer informe
de 1936, el Rector Agustín Navarro Flores dijo que aquella obra
universitaria estaba en marcha "porque los profesores secundaron
a los estudiantes" y el doctor Cueva Brambila dijo, al concluir
el curso de la Facultad de Medicina: "Estos nuevos alumnos, con
su juventud y rebeldía hacia lo ruín, nos han dado un
bello ejemplo. Por eso los hemos secundado...". Era el justo reconocimiento
de la intelectualidad de Jalisco al puñado de valerosos estudiantes
que se mantuvieron unidos en torno a Carlos Cuesta, los hermanos Angel
y Antonio Leaño, Dionisio Fernández y demás dirigentes
de la Federación de Estudiantes de Jalisco que habían
puesto freno al operativo de comunización de México implementado
por Calles y Cárdenas a través de la educación.
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| Ambulancia
de la Facultad de Medicina en los primeros años. |
Pero recordemos palabras
textuales del primer informe del Rector Navarro: "Como no había
dinero para pagar a los profesores que atendían las facultades
y dependencias todos renunciaron unánimemente al sueldo... los
Directores, el Rector y demás funcionarios aceptaron trabajar y
desempeñar sus puestos en forma absolutamente gratuita... Los médicos,
los químico-farmacéuticos y otros ofrecieron espontáneamente
sus magníficos laboratorios particulares para las prácticas
de los alumnos de la Universidad, dado que ésta no contaba con
elementos para comprarlos... los médicos ofrecieron sus hospitales
particulares para las prácticas de los estudiantes de Medicina
porque el gobierno local se negó a facilitar el Hospital Civil...".
Y así sucesivamente.
"No podemos
vanagloriarnos -dijo también Navarro Flores- de haber consumado
una obra perfecta. Ni siquiera podríamos afirmar que la Universidad
Autónoma de Occidente carece de todos los defectos de toda obra
nueva; pero sí podemos asegurar que tanto el profesorado como
los alumnos están animados de los más buenos deseos de
mejorar cada día nuestra institución, que estamos dispuestos
a defender nuestra obra cueste lo que cueste; sí podemos decir
que en Guadalajara, la capital del Estado más culto de la República,
los estudiantes libres tendrán su Universidad sosteniendo los
principios básicos de la Libertad de Cátedra y Autonomía.
La Iglesia Católica,
en contra de lo que entonces aducía el gobierno, nunca tuvo injerencia
en el movimiento contra la enseñanza socialista ni en la fundación
de la Universidad, cuyos dirigentes se mantuvieron, como hasta la fecha,
fuera de influencias políticas o religiosas. En lo individual
algunos clérigos expresaron su solidaridad y simpatías,
como el canónigo Manuel Diéguez, en cuya vecindad parroquial
de San José de Gracia estuvo la primera sede universitaria y
varios más que impartieron cátedra.
Aun así la
persecución estatal continuó y año con año,
desde los treintas y hasta los cincuentas, muchas manifestaciones del
FESO y de los sindicatos, particularmente cada 1º. de mayo, concluían
con asaltos destructivos, apedreamientos y disparos contra los edificios
de la Autónoma, con saldo de heridos, sin que jamás se
hubiere castigado a nadie.
Se fundaron sucesivamente
la Facultad de Ciencias Químicas, la Preparatoria Femenil y la
Facultad de Comercio y Administración que continuaron, con las
antes citadas, como planteles de la Universidad Autónoma durante
cerca de veinte años.
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