Motivos fundacionales:
La Universidad es,
como todo acontecimiento humano, fruto de las circunstancias históricas
en las cuales se verifica su aparición, lo que nos impele la
necesidad de configurar una semblanza auténtica de la Universidad
Autónoma de Guadalajara cuyos motivos fundacionales, como resultado
de conflictos que trascendían los límites de la función
educativa, no acaban de ser comprendidos en su verdadera naturaleza.
De ahí la
idoneidad de este Foro sobre Historia de la Educación Superior
en México para destinar la primera parte de este trabajo a esclarecer,
con rigor documental y testimonios de protagonistas, cuán decisiva
fue la contienda ocurrida entre 1933 y 1935 para fijar a la enseñanza
de la niñez y la juventud un derrotero con identidad nacional
en lugar de absorberla, como pretendió el gobierno, en la masificación
de la lucha por la hegemonía mundial entre lo que por entonces
se llamó, equivocadamente, Oriente y Occidente.
La naciente institucionalización
de la Revolución Mexicana, al principio de los años treinta,
se vio asistida muy de cerca por agentes de la Komintern, establecidos
en los seis años de relaciones diplomáticas con la Unión
Soviética, que aunque ya entonces oficialmente suspendidas, habían
sentado las bases para reencauzarla hacia el marxismo-leninismo, comenzando
por sustituir la educación libre y laica establecida en la Constitución
de 1917 por la educación socialista obligatoria.
El hecho de que
los artículos 3º. y 24º. de la Constitución
consagraran respectivamente la Educación Laica y la Libertad
de Creencias, no impidió que a partir del gobierno de Alvaro
Obregón y acentuadamente en los de Calles y el sucesivo maximato,
se comenzara a pregonar la lucha de clases, la abolición de la
propiedad privada y la educación socialista en ámbitos
oficiales. José Vasconcelos se había empeñado,
como Secretario de Educación y como Rector de la Universidad
Nacional, en imprimir un sentido patriótico a la enseñanza
y en crear una mística educadora al encuentro de la mexicanidad,
secundado por los más distinguidos pensadores de la época,
pero su maquinada derrota política en 1929 fue parte de la remoción
de obstáculos al avance del pensamiento y praxis antinacionales.
En ese mismo año
el presidente Emilio Portes Gil concedió la autonomía
a la Universidad Nacional por presión de la Confederación
Nacional de Estudiantes, pero distaba de ser completa porque con el
subsidio para su sostenimiento económico prevalecieron diferentes
formas de intromisión gubernamental como la presentación
al Consejo Universitario de una terna para la elección del Rector.
El primero de ellos después de la ley, Ignacio García
Téllez, combatió a los estudiantes y profesores de tendencias
autonómicas y no ocultó su posición de extrema
izquierda.
Ya en 1932 y 1933
hubo reuniones de ámbito educativo nacional, como la Junta de
Inspectores y Directores de Educación Federal, el Congreso Pedagógico,
la Convención de la Confederación Mexicana de Maestros,
la Convención Nacional Pro-Cárdenas, el Congreso de la
Confederación de Partidos Socialistas de Veracruz, el X Congreso
de la Confederación Nacional de Estudiantes y otros de carácter
local, cuyas conclusiones establecieron que "se debía inculcar
en los educandos el concepto materialista del mundo, que "en el
paso grandioso de uno a otro sistema lograremos sistematizar, humanizar
y socializar las fuerzas productoras", que "la comunidad ideológica
del magisterio planea una campaña en el país a favor de
la socialización de la enseñanza primaria y normal, mismas
que deben ser consideradas como función exclusiva del Estado",
que "El Estado debe hacerse cargo totalmente de los hijos de los
obreros y los campesinos, tanto en lo económico como en lo educativo...",
que "ha sonado la hora, jóvenes estudiantes, para una implantación
integralmente socialista", como dijo concretamente García
Téllez en representación de Lázaro Cárdenas.
Se llegó
así al Primer Congreso de Universitarios Mexicanos, celebrado
en la ciudad de México del 8 al 14 de septiembre de 1933 convocado
con finalidades académicas y administrativas, pero que utilizó
Vicente Lombardo Toledano, Director de la Escuela Nacional Preparatoria,
para presentar y lograr aprobar una ponencia en cuyo meollo de conclusiones
dice que "las Universidades y los institutos de tipo universitario
de la nación mexicana contribuirán por medio de la orientación
de sus cátedras y de los servicios de sus profesores y establecimientos
de investigación, a la sustitución del régimen
capitalista por un sistema que socialice los instrumentos y los medios
de producción económica", es decir, hizo asumir el
compromiso universitario para cambiar una economía de libre mercado,
establecida por la Constitución, por una socialista que ya para
esa época se había demostrado absolutamente fracasada
en los primeros países en que se estableció. Para México,
sin embargo, ese acuerdo fue apenas el primer clarinazo estridente de
la dupla Calles-Cárdenas para anunciar la reorientación
de la Revolución Mexicana hacia el comunismo marxista a partir
del establecimiento obligatorio de la educación socialista.
Los universitarios
opuestos a la absorción de las mentes por el totalitarismo replicaron
en la persona del insigne maestro Antonio Caso, invitado de honor al
Congreso, quien con toda la fuerza de su prestigio, personalidad y argumentos
refutó los sofismas de Lombardo y defendió el principio
de "libertad de cátedra" como esencial para la vida
académica, el avance de las ciencias y la conducción nacional.
Los
diarios nacionales dieron cuenta del evento en sus primeras planas del
15 de septiembre con cabezas como "Francamente socialista será
la orientación de la Universidad Nacional" (El Nacional),
"Ambiente para el marxismo en la Universidad" (Excélsior),
mientras que El Universal en su editorial transcribía las palabras
de Caso de que "La universidad no debe ser sectaria... la ponencia
de Lombardo es abiertamente contraria al espíritu y letra del
artículo 3º. de la Constitución".
Así pues,
lo indispensable al plan soviético era la reforma del artículo
constitucional consagrado a la Educación.
 |
| Antonio
Caso. |
La polémica
Lombardo-Caso se intensificó y repercutió por todo el país
definiéndose los bandos entre partidarios de la "educación
socialista" y seguidores de la "autonomía universitaria
y libre cátedra". El 20 de septiembre apareció en El
Universal un editorial firmado por Lombardo Toledano con el título
"Bases para la reforma universitaria" que concluía diciendo:
"¿Contribuirá la universidad mexicana a la formación
de un nuevo hombre? si no lo hace querrá decir que está
de acuerdo con el que existe: simulador de la virtud, servidor consciente
o inconsciente del capitalismo".
Lo que dos días
después refutó Manuel Gómez Morín -futuro
rector de la UNAM- en un escrito con el mismo título que decía:
"... la pretendida reforma de Lombardo resulta no ya fundada, pero
ni siquiera compatible con la obligación social peculiar que
pertenece a la Universidad, pues si la reforma consiste en hacer que
la enseñanza y la investigación universitarias se limiten
al punto de vista marxista, o si como parece ser en el fondo la verdadera
tendencia de esta reforma, pretende que la Universidad se convierta
en un centro vivo de agitación política, quedarán
abandonadas irremisiblemente la investigación y la enseñanza
de todas las demás cosas que existen en el mundo de la cultura
de antes, después, por encima y por abajo de Marx y del marxismo".