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El
Manejo del Autismo en la Vida Diaria
“Educar para Integrar”
Psic. Patricia Morales G.
Directora General
Centro Educativo DOMUS A.C. México, D.F.
Introducción
En la
difícil tarea de atender a la población autista,
con frecuencia vemos que es fácil perderse en los objetivos
de nuestros esfuerzos, perdemos de vista las dimensiones y
sutilezas del trastorno y erramos cotidianamente en nuestra
labor educativa. Basta revisar los diferentes trabajos realizados
con personas autistas, a lo largo de décadas, para
que nos percatemos que en muchos de ellos se ha desperdiciado
tiempo valiosísimo, probablemente por la falta de un
compromiso y responsabilidad, por parte nuestra, para conocer
y comprender más a fondo a cada persona autista. Y,
desgraciadamente, también vemos la carencia de una
filosofía de educación, que nos guíe
y nos permita ver que para cada uno de ellos hay un lugar
dentro de nuestra sociedad, un lugar para desarrollar un rol
activo, por mínimo que este sea. El deseo de protagonismo
en muchos de nosotros, que atendemos este trastorno, nos ha
llevado a perder objetividad y a perder de vista que el protagonismo
de la persona autista dentro de nuestra sociedad es más
importante.
Actualmente, el fácil acceso a la información
mundial nos seduce para tomar alternativas de atención
que no nos ofrecen lo necesario para construir una visión
sobre el proyecto de vida de cada persona autista que atendemos,
nos olvidamos que para ellos debe de haber una calidad de
vida, ya desde hoy mismo y no a futuro. Así también,
nos está llevando por rutas de atención que
sólo nos llevan a atender conductas o síntomas
aislados del autismo y no al autismo como tal.
La manera en como concebimos cualquier situación o
condición, determina la forma en cómo vamos
a enfrentarla, determina nuestras acciones y objetivos. Por
lo que es sumamente importante que, antes de atender a una
persona autista, partamos de un concepto claro y, sobre todo,
actual del trastorno que padece.
El siguiente cuadro es un intento de resumir los principales
conceptos que han predominado para explicar y entender al
autismo y que han determinado los principales enfoques para
atenderlo.
I.-
VISTAZO HISTÓRICO EN LA CONCEPCIÓN Y ATENCIÓN
AL AUTISMO.

Lo más
valioso en la atención para las personas autistas es
la educación, un proyecto educativo cimentado en una
filosofía, con la que no perdamos de vista un proyecto
de participación social para cada persona que atendemos.
Sin un proyecto de participación social las personas
autistas seguirán sin ocupar el lugar que les corresponde
en nuestra sociedad.
Si no educamos para integrar...para qué educamos entonces?,
reflexionemos un poco y seamos más críticos
y responsables en nuestra labor cotidiana.
II.-
DETECCIÓN DE FORTALEZAS EN UN TRASTORNO GENERALIZADO
DEL DESARROLLO.
La detección
de fortalezas en una persona autista es una tarea primordial
y necesaria para desarrollar y planear un programa educativo.
El éxito de éste será imposible si seguimos
conceptualizando al autismo como un conjunto de síntomas
y alteraciones en las diferentes áreas del desarrollo.
Con más de cuatro décadas en las que se ha estudiado
este trastorno, sus características principales continúan
“sobre la mesa”, de hecho, la actual consideración
de “espectro autista”, que incluye desde las manifestaciones
más sutiles del trastorno hasta las formas más
severas, nos habla de habilidades en cualquier nivel. Entonces,
el éxito o fracaso del programa de atención,
depende de nosotros, de la adecuada detección y utilización
de las fortalezas (por mínimas que estas sean) que
hagamos, “el frecuente fracaso de un programa de atención
es fracaso de nosotros, no de la persona autista”. Por
lo tanto, el primer paso para poder detectar las fortalezas
de una persona autista, consiste en ir más allá
de la detección de las características y conductas,
bien conocidas del trastorno.
Estrategia importante para evaluar a una persona autista,
es la evaluación con un carácter “funcional”,
la cual plantea que es importante evaluar el contexto o ambiente,
cómo este puede ser favorable y facilitador o más
limitante que las mismas alteraciones del trastorno. Por lo
que es importante, realizarla en diferentes ambientes o contextos.
No pasemos por alto nuestras actitudes, ya que la forma en
cómo nosotros mismos nos “paremos” frente
a ellos, al momento de evaluarlos, determinará la forma
en cómo nos van a responder; parte importante del contexto
es la forma en cómo le hables, lo mires, lo toques
y le facilites su máximo nivel de respuesta.
Otro factor importante que debe tomar en cuenta cualquier
persona que intente evaluar a una persona autista, es considerar
que existe un curso de desarrollo común a todo ser
humano, un desarrollo integral, por lo que al evaluar debemos
de hacerlo considerando este, sobre todo si queremos que la
evaluación sea un inicio eficaz de un programa de atención
personalizada, característica fundamental para garantizar
un logro significativo en la calidad de vida de la persona
autista.
Es sumamente importante que en la planeación de la
evaluación consideremos dar un tiempo suficiente, no
solo para realizar una toma de datos confiables y completar
el instrumento que estemos utilizando, sino que debemos preocuparnos
por entender y comprender más la forma de responder
de la persona autista a las exigencias del medio. Esto nos
permitirá detectar las variables que pueden favorecer
su desempeño y, así, detectar sus fortalezas
de una manera más objetiva.
La tarea de evaluar a una persona autista no debe sólo
de limitarse a identificar las alteraciones y características
conductuales atípicas del trastorno, estas no ayudarán
a establecer objetivos educativos significativos para la misma
persona autista. El objetivo principal de la evaluación
es la obtención de los perfiles de habilidades y desarrollo
y perfil conductual.
El perfil de habilidades deberá incluir las áreas
más importantes del desarrollo normal, habilidades
académicas, vocacionales y laborales. El perfil conductual
debe reflejar, de manera clara y objetiva, los modos de respuesta
de la persona ante las diferentes variables del contexto o
ambientales. La obtención de estos perfiles nos ayudará
a establecer objetivos educativos relevantes a las necesidades
reales de la persona autista.
III.- PERSONALIZANDO LA EDUCACIÓN.
La personalización
de la educación para una persona autista, inicia desde
la forma en cómo la hemos evaluado. Si nos preocupamos
más por completar un instrumento de evaluación
que por comprender más y entender cómo responde
cada persona autista, no podremos brindarle una atención
personalizada que le garantice logros y avances.
La planeación
de la atención personalizada debe tomar en cuenta:
- Recursos
de la persona autista, que precisamente son sus fortalezas
detectadas en la evaluación inicial.
- Estrategias
educativas. Estas no deben basarse únicamente en
seguir los lineamientos de los procedimientos de enseñanza
que utilicemos, también deberá estar apegada
a la persona y sus características individuales.
- Considerar
sus tiempos de respuesta y motivación, previamente
detectados en la evaluación inicial. No debemos de
pasar por alto que la motivación es un proceso individual.
- Ambientes
de enseñanza estructurados. Aunque las recomendaciones
más importantes sobre las características
del ambiente de enseñanza, hacen hincapié
en que se maneje una estructura, esta también debe
de considerar las características individuales.
- Objetivos
funcionales. Dotar a las personas de habilidades que les
permitan ser competitivos y alcanzar un nivel de independencia
a lo largo de su vida.
- Programa
de atención integral. Incluye en su intervención
todas las áreas del desarrollo, dando prioridad a
las necesidades personales.
- Evaluación
continua del avance en los objetivos del programa. El registro
sistemático del desempeño nos dará
la pauta para hacer los ajustes necesarios y oportunos al
programas de cada persona autista.
- Considerar
las necesidades de la familia. A partir de la concepción
del autismo como un trastorno generalizado del desarrollo,
los padres han tomado ya un rol más relevante en
el tratamiento de sus hijos.
- Considerar
las características de la comunidad en donde se desarrolla
la persona que atendemos. Los recursos que la comunidad
nos puede brindar para la enseñanza de habilidades
en las personas autistas es un aspecto a considerar en cualquier
plan educativo.
- Diseñar
y contar con estrategias de manejo conductual basadas en
la prevención. La tarea principal para la prevención
de conductas es un proceso de “ajuste” entre
expectativas del medio y habilidades/fortalezas de la persona
autista. El manejo de técnicas “reactivas”,
ortodoxas de la modificación de conducta, no facilitará
el mantenimiento de un buen comportamiento a largo plazo.
Una actitud proactiva para entender y atender las conductas
de las personas autistas facilitará mantener un nivel
bajo de estrés en ellas mismas y en el terapeuta
y, por lo tanto, un patrón de conductas más
favorable, con el que determinaremos una mejor condición
para aprender.
La visión que debemos tener como educadores, debe tomar
en cuenta la individualidad de la persona autista. La individualidad
es la única herramienta para atender y evaluar de manera
auténtica a esta población.
IV. UN SOLO COMPROMISO...INTEGRAR.
El cambio
de paradigma en la atención a las personas con discapacidad
y la actual concepción del autismo como un trastorno
generalizado del desarrollo, son quizá los factores
que más han beneficiado a esta población. Se
les comenzó a considerar como personas con derechos,
como lo es el derecho a la educación y al trabajo,
y se les abrió la posibilidad de ocupar un lugar en
nuestra sociedad. Consecuentemente, parte de esta bonanza
fue su impacto en el plano legislativo, las leyes de educación
y laborales se han modificado para que la integración
pueda ser un hecho real. Del compromiso que asumamos nosotros,
los profesionales quienes atendemos a la población
autista, depende el éxito de su integración
y que ellos ocupen su lugar dentro de la sociedad.
La posibilidad de integrar a una persona autista dependerá
en gran medida de la atención personalizada que reciba,
sin importar que no haya alcanzado un nivel máximo
de habilidades. Por mínimas que sean sus fortalezas,
el proceso de integración puede iniciarse, paulatinamente,
desde el mismo arranque de su programa de atención.
El proceso
de integración debe considerar los siguientes aspectos:
- Desarrollo
de destrezas y habilidades. Es importante y necesario considerar
la edad cronológica, fortalezas y necesidades de
la persona autista para diseñar un programa de atención
que permita la adquisición de habilidades “funcionales”
a la persona misma.
- Planeación
de apoyos. El éxito de la integración depende
en gran medida de los apoyos que brindemos a la persona
autista al integrarse a la comunidad. Se deberá tener
especial cuidado para determinar el tipo y cantidad de apoyo,
el cual puede ser continuo o periódico e intensivo
o intermitente.
- Identificación
de intereses personales. La motivación para desempeñar
cualquier actividad es determinante para un buen desempeño
en la misma. Al integrar a una persona autista no debemos
pasar por alto que debe sentir éxito en lo que hace,
precisamente éste será uno de los principales
factores de la motivación.
- Identificación de escenarios accesibles en la comunidad.
Es importante considerar las variables y características
de estos antes del proceso de integración.
- Sensibilización
a los padres de la persona autista. El apoyo de los padres
es imprescindible en el proceso de la integración
de la persona autista, por lo que con ellos se debe de llegar
al establecimiento de objetivos y expectativas comunes sobre
este proceso. Asimismo, es importante conocer y resolver
sus temores acerca de la integración de su hijo(a).
- Sensibilización
a la comunidad regular. Para que estemos en la posibilidad
de recibir los apoyos y recursos necesarios de la comunidad
para el proceso de integración de una persona autista,
es un paso obligado el sensibilizarla. La información
clara y objetiva que a ellos se les pueda brindar acerca
del autismo, será el principal medio para desmitificar
la participación de una persona autista dentro de
la sociedad.
- Sensibilización
a los profesionales del escenario en el que se vaya a integrar.
Al igual que con los padres, debe de existir comunión
en los objetivos y expectativas del proceso de integración.
Asimismo, la visión de un proyecto de participación
social debe ser compartida entre los profesionales involucrados
en el proceso de integración. Un buen profesional,
no sólo debe saber lo que es el Autismo, conocer
diseños curriculares, dominar metodología
y estrategias para enseñarles, sino que tiene ser
“una persona que tenga empatía con el autista”
y, así, facilitar que la persona autista pueda convertirse
en un ser social y activo.
El funcionamiento
adecuado de cualquier persona en los diferentes ambientes
de la sociedad, depende en gran medida de los apoyos con los
que ella misma cuente. En una persona con discapacidad, depende
de la forma en como se le brinden estos apoyos y de la visión
que tenga el profesionista en este proceso de integración.
Es quizá la visión del profesionista lo que
más determina el proyecto de participación social
de cada persona autista.
IV.
RESULTADOS.
El Centro Educativo Domus, a sus 23 años de existencia,
ha consolidado un programa de atención especializada
y una filosofía de trabajo, con los que cientos de
personas autistas y sus familias han sido atendidas. La principal
directriz en los objetivos de Domus está determinada
por la misión que como educadores hemos asumido: “La
habilitación, plena integración y participación
social de los niños, jóvenes y adultos con autismo”.
A continuación
se presentan algunos de los resultados logrados con nuestro
modelo de atención, en el que las distintas modalidades
de integración se manejan cotidianamente. Los resultados
son presentados en términos del impacto que generan
en la sociedad.


El valor
más importante de estar presentes en la comunidad es
para nuestros alumnos ocupar el espacio que les corresponde
y dar lugar a su proyecto de participación social de
cada uno de ellos. Y para la comunidad, es el aprender a convivir
en la diversidad.
Es importante
considerar que el programa de atención para cada persona
autista tenga como visión y objetivo, paralelo al desarrollo
de la persona, un impacto sensibilizador en la sociedad.
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