LINEAMIENTOS PARA LA CONFORMACIÓN DE UN PROGRAMA INSTITUCIONAL

Formación de investigadores

Por: Flavio Mota Enciso

La importancia estratégica de la investigación en el desarrollo del país es un tema que está fuera de toda discusión, al igual que la participación de las instituciones de educación superior en esta actividad. De hecho, constituye una de sus tareas esenciales. Es cierto que estas instituciones no son las únicas que realizan la investigación, pero sí son las responsables de formar a los profesionales que investigan.

Dentro de las universidades, la formación sistemática de investigadores es una función que ha sido encomendada a los posgrados, particularmente a los doctorados, pero de hecho, toda la comunidad académica está involucrada en esta actividad, en diferentes niveles y con diferentes orientaciones. La formación de investigadores, como objeto de análisis, no puede ser considerado sólo desde una perspectiva estática, que se registra a través de diversos indicadores, tales como grados académicos, programas, número de alumnos, investigadores inscritos en padrones reconocidos, publicaciones, o financiamientos obtenidos. Fundamentalmente tiene que considerarse como un proceso educativo, donde hay maestros que enseñan la manera de investigar con base en su propia experiencia, y aprendices que estudian, analizan y evalúan los fenómenos y los métodos; donde hay habilidades que se aprenden, desarrollan y perfeccionan; donde los modelos teóricos y las propuestas metodológicas se ponen a prueba; donde hay resultados exitosos y también hay fracasos. Y esta tarea no se realiza sólo en los posgrados, aunque éstos tengan una función rectora –o al menos orientadora- en esta cuestión, sino que participa toda la comunidad académica.

Los ámbitos en los cuales se aborda el problema de la investigación también son diferentes: en el salón de clase, desde el curriculum, donde se estudia como contenido y se desarrolla como habilidad, en el marco de las estrategias de aprendizaje; en los programas de investigación particulares de los departamentos, escuelas o facultades y, sobre todo, en los centros especializados en esta tarea.

Los lineamientos sugeridos en el presente trabajo son presentados en dos secciones o etapas necesarias para poder establecer cualquier programa institucional de investigación. Primero se requiere de la elaboración de un diagnóstico fidedigno que permita visualizar de una manera general, pero completa, la situación actual de la institución respecto a las tareas de investigación. En la segunda parte se propone una serie de líneas de trabajo, interconectadas entre sí, que en conjunto podrían constituir un programa general de formación de investigadores.

DIAGNÓSTICO DE LA INVESTIGACIÓN

La identificación del estado actual del problema es una condición necesaria para establecer un programa de desarrollo. Los resultados de la evaluación constituirán el punto de partida de un programa que pretenda mejorar el trabajo de investigación. Para este efecto sería muy importante contar con la información generada en estas cuatro vertientes:

I. Cómo abordan las instituciones de educación superior a la investigación como tarea sustantiva. Para evaluar este punto es muy importante seleccionar indicadores que permitan ubicar la información recabada en tres vertientes: a) las políticas y estrategias de vinculación entre la docencia e investigación, b) la cobertura institucional de los estándares con los que se lleva a cabo la evaluación externa de esta función, y c) el impacto social de la investigación realizada.

II. Elaboración de un recuento de los recursos humanos que participan en la investigación. Este inventario debe incluir tanto a los investigadores de experiencia, inscritos en padrones nacionales o internacionales, tanto como a los que se encuentran en proceso de formación, que ya están investigando o publicando, pero que aún no cuentan con los reconocimientos formales. Conviene también incluir a todos aquellos docentes que representan un potencial para este trabajo, por sus capacidades, deseos, e intereses por adentrarse en el campo de la investigación.

III. Revisión y evaluación de los programas de investigación ya establecidos en los departamentos, escuelas, y facultades. Esta información permitirá evaluar sus niveles de desarrollo y sus alcances, así como también conocer las líneas sobre las cuales orientan sus trabajos de investigación.

IV. Revisión y análisis de la investigación terminada y publicada, sobre todo la de los últimos dos o tres años. Esto dará una idea concreta de la productividad institucional y de la calidad del trabajo realizado. Para el caso de los programas que tienen la tesis como opción de titulación, conviene hacer una evaluación con el fin de rescatar y dar seguimiento a los buenos trabajos, incrementar el inventario de investigadores potenciales y el listado de asesores para la investigación.

El análisis de la información recogida en el proceso de diagnóstico servirá para orientar el trabajo futuro.

LÍNEAS DE TRABAJO

Las líneas de trabajo que adelante se presentan, son precisamente eso: áreas generales en las cuales se pueden diseñar o desarrollar programas más específicos para formar investigadores. Esta sugerencias están orientadas en tres sentidos: a) desarrollar habilidades para la investigación, b) formar, capacitar, y actualizar investigadores, y c) instrumentar estrategias que fomenten y faciliten esta tarea.

1- Establecer estrategias que aseguren la vinculación de la docencia con la investigación. Mucho se discute sobre si los docentes de educación superior deben hacer investigación. Por una parte se arguye una necesidad imperiosa de que así sea, como condición para que el proceso de enseñanza resulte innovador; por otra parte se evocan razones relacionadas con la vocación, habilidades e intereses del docente, y se trae a colación el argumento de que no conviene convertir a un buen maestro en un mal investigador o viceversa. Sin esperar los resultados de este debate, es necesario recordar que la investigación constituye una función esencial de la universidad, por lo que debe de estar presente e lo largo de todo el trabajo académico, independientemente de que la realicen todos o sólo algunos de los docentes.

La vinculación de la docencia con la investigación puede realizarse desde dos puntos de partida: desde los sistemas académico-administrativos, que estipulen que la investigación es una tarea compartida y realizado por los docentes -o al menos por algunos de ellos-, y por lo tanto, se convierte en un criterio de evaluación de su desempeño; así como también puede instrumentarse desde el campo del currículum, en el que aparezca la investigación como rasgo de los perfiles profesionales de egreso y, por ende, como contenido disciplinar y/o como estrategia didáctica. También como parte del currículum se puede trabajar en el establecimiento de perfiles docentes para áreas y asignaturas, con el fin de identificar todas aquellas materias que requieren de docentes investigadores para su impartición o conducción.

2- Desarrollo de programas de actualización para investigadores. Es necesario trabajar en la creación y sistematización de programas tendientes a la actualización y capacitación de los investigadores, tanto para los experimentados como también para los que están en desarrollo. Estos programas deben de incluir temas como metodologías para la investigación, el abordaje de problemas desde los diferentes paradigmas científicos, redacción de trabajos, estrategias para la publicación y búsqueda del financiamiento, entre otros.

En la tarea de actualizar y capacitar a los investigadores es imprescindible la creación de foros institucionales que permitan la comunicación, la presentación de proyectos y avances en los trabajos, pero sobre todo, que faciliten la retroalimentacion, actividad imprescindible en los procesos de formación de investigadores.

La asistencia a foros externos, regionales, nacionales, e internacionales, no sólo es deseable, sino necesario en un programa de formación de investigadores.

3- Programas de formación sistemática de investigadores. En la tarea de formar investigadores, la participación del posgrado es irremplazable. De hecho esa es una de sus finalidades esenciales. Considerados como un recurso, es conveniente tener en cuenta los programas institucionales de este nivel y evaluar las posibilidades de atención y cobertura de las propias necesidades de formación de investigadores. Se cuenta además con un buen número de oportunidades para la formación de investigadores en otras instituciones nacionales o internacionales, a través de los convenios propios y de las becas generadas por diversos organismos. Son innumerables las oportunidades de becas disponibles en la actualidad.

4- Vinculación de profesores expertos con profesores en vías de formación. Para aprender a investigar es necesaria la práctica, pero también la presencia de modelos.

Aprender a investigar es una tarea muy difícil si el docente la realiza de manera aislada. Conveniente trabajar en un programa que permita que los investigadores en desarrollo aprendan de los investigadores expertos. Esta ha sido la metodología para la formación de investigadores que se ha utilizado a través del tiempo y que también ahora se utiliza en los mismos posgrados. Este modelo puede extenderse también a los programas generales de formación de investigadores.

5- Fomentar la creación o fortalecimiento de redes de investigadores, o aprovechar las ya existentes, tanto institucionales, como interinstitucionales. Desde la perspectiva institucional, estas redes tendrían una función relevante en la sistematización de la investigación, en el aseguramiento de la calidad y en el aprovisionamiento de los recursos institucionales para este trabajo. Otra función, también primordial de estas redes internas, sería mantener una continua comunicación con otros investigadores y con las instancias directoras y reguladoras de la investigación.

La participación de los investigadores en redes interinstitucionales permitirá su enriquecimiento, mediante el intercambio de experiencias con colegas de otras instituciones que también realizan investigación, con otras líneas de trabajo y desde otras perspectivas, y facilitarían el establecimiento de acuerdos de cooperación.

6- Vincular los programas de formación de investigadores con las carreras docentes institucionales. Es necesario ponderar la importancia de la investigación y de los investigadores dentro de la institución, para reconocerlos y darles un estatus académico y jurídico apropiado y, en consecuencia, los apoyos necesarios, en tiempos y recursos.

7- Establecimiento de políticas y reglamentos que fomenten y faciliten las tareas relacionadas con la investigación. Para que una actividad sistemática funcione, y funcione bien, debe normarse. Pero el espíritu que rige la norma debe ser siempre el de facilitar la tarea, no limitarla u obstruirla. En lo que respecta a la investigación, en aras del aseguramiento de la calidad, suelen cometerse injusticias y dictarse políticas que al fin de cuentas frenan su desarrollo. En este sentido la normatividad, mas que excluyente, debe ser incluyente.

El autor es director de la DAPA y director del posgrado en Educación de la U.A.G.


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