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ENERO - FEBRERO 2001 ¿La Coeducación es la Mejor Alternativa? Por Ana Gabriela Díaz Medina y Ma. Del Rocío Reyna Camarillo Las diversas formas
de organización escolar en que es posible reagrupar a los estudiantes,
ponen de manifiesto la necesidad de revisar continuamente la pertinencia
de cada una de ellas, en cuanto a su mayor o menor contribución
al logro de los fines de la educación. "La coeducación
es una concepción de la educación que consiste en reunir
a chicos y chicas en una misma escuela y en las mismas clases, y en
darles juntos una educación idéntica" (Breuse,
1972, p. 35). En el continente americano, la idea de reunir a hombres
y mujeres para recibir las mismas clases surgió por primera
vez, según Aguilar (1990; 267), en el siglo XVIII, en Estados
Unidos de Norteamérica, en el marco de la industrialización
creciente, en virtud de una concepción optimista, racionalista
y liberal de la naturaleza humana y de un absolutismo pedagógico
por parte del estado, como algo necesario para que la educación
pudiera llegar a zonas pobladas y lejanas. A partir de ese hecho,
la coeducación ha ido en aumento, ya que, actualmente existen
más escuelas coeducativas que las separadas por sexos, esto
quizá sea porque los alumnos y sus padres muestran preferencia
hacia estas (Loduchowski, 1963). Con respecto a
la educación separada por sexos, la postura de la Iglesia Católica
siempre ha sido a favor, ésta ha perdurado por casi veinte
siglos (Caponnetto, 1995). En los tiempos actuales, la controversia
sobre si los jóvenes deben ser educados mejor por separado
que juntos, resurgió en los años 30, en los países
anglosajones. Independientemente
del tipo de organización escolar, los objetivos informativos
de las asignaturas, su temática y contenido son los mismos.
Sin embargo, el perfil del maestro que debe formar a hombres y mujeres
no lo es, surgiendo la incógnita de si éste debiera
ser distinto para cada sexo. En cuanto a la evaluación del logro, Spence (1999), señala que las diferencias en el desempeño académico de hombres y mujeres, residen en que las capacidades intelectuales y las características de la personalidad que afectan el logro, se encuentran distribuidas en forma desigual entre los sexos, lo que reclama entonces distintos criterios, adecuados para uno de ellos. Situación que se ofrece como reto para las escuelas coeducativas. Fundamentos La forma de conceptuar,
organizar o practicar cualquier investigación educativa, está
influida por el concepto de hombre y la realidad circundante que se
tenga. Cualquier teoría educativa, método o técnica
son tan correctos y buenos como correcta sea su definición
de naturalesza humana y pertinentes a tal naturaleza sus resultados
prácticos y morales. En consecuencia, la única base
firme para edificar una definición de Educación es el
concepto de que el autor tiene de hombre y en su relación con
el universo. La Revelación
sobrenatural proporciona las siguientes verdades sobre la naturaleza
del hombre: Este fue creado por Dios a su imagen y semejanza, compuesto
por cuerpo material y alma espiritual. Con una naturaleza caída
a causa del pecado original, la cual le dejó un intelecto menos
capaz para alcanzar la verdad, una voluntad debilitada para buscar
el bien y una inclinación a los efectos desordenados. Con un
destino sobrenatural, al que deben subordinarse todas las cosas de
este mundo (Redden y Ryan, 1961). Teniendo el hombre una naturaleza
así descrita, entonces, se hace necesaria la educación
que lo ayude a perfeccionar lo imperfecto. El concepto de
educación es la piedra angular de la pedagogía, en él
concurren dos personas, el educador y el educando, los que rodeados
del medio proceden, como dice Sciacca (1957), a sacar fuera, a hacer
salir, extraer, todas sus facultades para perfeccionarlas. Es decir,
"actualizar las energías latentes y las aptitudes e inclinaciones
del educando" (Garibay, 1998, p. 7). Esto significa que, maestro
y alumno deben trabajar en conjunto para hacer que el ser en formación
alcance el cultivo de su alma, mediante el desarrollo armonioso de
sus facultades. Para Redden y
Ryan (1961; p. 53), la educación es: "La influencia deliberada
y sistemática ejercida por la persona madura sobre la inmadura,
por medio de la instrucción, la disciplina y el desarrollo
armonioso de todas las facultades del ser humano, físicas,
sociales, intelectuales, morales, estéticas y espirituales,
de acuerdo a su jerarquía esencial, por y para su uso individual
y social, y dirigida a la unión del educando con su Creador
como último fin". Nivel Educativo El nivel educativo
hace referencia a la estratificación del sistema educativo
basado en criterios de carácter psicodidáctico, pudiendo
en nuestro país ser: inicial, preescolar, primario o básico,
secundaria (medio básico) y bachillerato (medio- superior)
y superior, incluidos en este último los cursos de posgrado
y especialización, con el cual termina la enseñanza
institucionalizada o formal. Tanto la edad
de los estudiantes como los contenidos y objetivos a cumplir, proporcionan
las bases para la estructuración de la educación en
grados escolares. La primaria o elemental es la que se destina a los
niños de seis hasta doce años, corresponde a la tercera
infancia, que es la fase propicia para la adquisición de conocimientos
y desarrollo social adecuado. "La enseñanza primaria tiene
por objeto el desenvolvimiento del raciocinio y de las actividades
de expresión del niño, y de su integración en
el medio físico y social" (Nerici, 1984, p. 66). El niño
recibe en la escuela primaria las técnicas básicas que
le permiten acceder a la cultura, tales como la lectura, la escritura
y el cálculo. Además, aquí inicia la discriminación
de sus aptitudes y continúa su socialización, ampliando
el círculo de relaciones afectivas, constituido anteriormente
solo por la familia. Los objetivos de este nivel pueden resumirse
en el logro del desenvolvimiento de todas las facultades, como antes
se dijo, físicas, intelectuales, sociales, morales, estéticas
y espirituales del ser humano, esto es, el logro de conocimientos,
habilidades, destrezas, actitudes, valores, ideales y virtudes que
le permitan el desarrollo del hombre completo. Por su parte,
"el nivel medio está constituido por la educación
secundaria y preparatoria, este ciclo forma al púber y al adolescente.
Se extiende desde los doce hasta los dieciocho años" (Nassif,
1984, p. 267). La educación secundaria comprende tres años.
Los chicos que asisten a ella tienen entre doce y quince años,
su preparación es eminentemente formativa; tiende, de un modo
general, a que los alumnos conozcan sus aptitudes, adquieran la cultura
que les posibilite la aprehensión de valores y adquieran el
comportamiento social para ejercer la ciudadanía. La nivelación, estratificación o graduación de la educación en las distintas edades va de la mano con el desarrollo de la escuela misma, permite la atención a las especificaciones en cada etapa del crecimiento y desarrollo, su currículum está diseñado para preparar el acceso al siguiente nivel en cada caso. Es entonces prioritario que los educadores favorezcan una vinculación continua y permanente entre los diversos estratos. Tipos de Organización
Escolar La escuela constituye
el segundo de los poderes educadores, el primero es la familia, ofrece
ventajas como poder educativo frente a las demás agencias pedagógicas,
porque en ella la educación es intencional y sistemática,
y por su carácter de organización deliberadamente reguladora
del obrar, por ello debe estar debidamente organizada para ejercer
su acción sobre los educandos. La importancia
de la organización escolar aparece, por tanto, como un problema
de primer orden en el complejo esquema de la educación actual,
a la vez que constituye una de las partes principales de la planeación,
se define así: Noción
técnica y administrativa que trata de reagrupar y articular
los diversos elementos que concurren en el funcionamiento interno
de un sistema escolar, entre otros, el referido a la asignación
de los alumnos a los distintos grupos, grados, niveles (Santillana,
1990, p. 1066). En lo que respecta
a la reagrupación de los estudiantes, las escuelas pueden estar
organizadas en grupos femeniles, varoniles, mixtos o en coeducación,
dependiendo de las normas, políticas y reglamentaciones de
cada una de ellas. Toda educación
en grupo sería coeducativa, siguiendo el significado lato del
término; pero el vocablo se ha concretado en la terminología
pedagógica, al hecho de que tanto niños como jóvenes
de uno y otro sexo se eduquen en grupos comunes y, bajo un mismo modelo
educativo. Como ya se mencionó,
la coeducación apareció por primera vez en América,
en Estados Unidos a finales del siglo XVIII, siendo sus precursores
Channing y H. Mann (1854). Se desarrolló con el auge de la
ideología liberal salida de la Ilustración, que pretendía
reducir las diferencias de roles entre hombre y mujeres, esto en lo
que respecta a la educación pública, pues la privada
solo respondió a este llamado hasta 1910, cuando por presión
oficial esta se hizo coeducativa. La primera institución coeducativa
en Europa se fundó en Escocia, en el siglo XVII, extendiéndose
progresivamente a muchos de los países europeos. La Reforma, con
Lutero (1517), aportó a la realización de esta idea
una contribución de calidad, lo que explica que sea en los
países de raza germánica y de educación protestante
donde las escuelas coeducativas vieron primero la luz y donde son
más numerosas (Breuse, 1972, p. 63). Entonces no es
extraño encontrar que "Condorcet (1780), Fichte (1798),
Pestalozzi (1775), Francke (1702), y más cerca de nosotros
Dewey (1910), Buytendijk (1956), Geheeb (1910) y Declory (1907), fueran
ardientes protagonistas de lo coeducativo en las escuelas de Odenwald
y Ermitage" (Breuse, pp 63 - 64). Todos ellos con ideas progresistas,
fueron los iniciadores e impulsores del biologismo, metodomanía,
paidocentrismo, relativismo, psicologismo, ecientismo, especialismo,
bibliolatría, individualismo y didactismo, en boga actualmente.
Sin embargo, en esos países hubo a la par pedagogos destacados
que permanecieron escépticos a estas propuestas, entre ellos
se encuentran Spalding (1840-1916), Dupanlop (1802-1876), Newman (1801-1890),
Mercier (1851-1926) y Wilmann (1839-1920), y más específicamente
su Santidad Pío XI, quien en su célebre encíclica
La educación cristiana de la juventud, Divini Illius Magistri
(1929), expuso al mundo, en el apartado dedicado al sujeto de la educación,
las razones por las que no es recomendable coeducar, estableciendo
con inspiradas palabras: "Igualmente erróneo y pernicioso...
es el método de la coeducación, cuyo fundamento consiste,
según muchos de sus defensores, en un naturalismo negador del
pecado original y, según la mayoría de ellos, en una
deplorable confusión de ideas, que identifica la legítima
convivencia humana con una promiscuidad e igualdad de sexos totalmente
niveladora. El Creador ha establecido la convivencia perfecta de los
dos sexos solamente dentro de la unidad del matrimonio legítimo,
sólo gradualmente y por separado en la familia y en la sociedad.
Además, la naturaleza humana, que diversifica a los dos sexos
en su organismo, inclinaciones y aptitudes respectivas, no presenta
dato alguno que justifique la promiscuidad y mucho menos la identidad
completa en la educación de los dos sexos. Los sexos, según
los admirables designios del Creador, están destinados a completarse
recíprocamente y constituir una unidad idónea en la
familia y en la sociedad, precisamente en su diversidad corporal y
espiritual, la cual por esta misma razón debe ser respetada
en la formación educativa" (Ratti, 1960, p. 38 - 39). Esta postura,
en la que se muestran los argumentos éticos y ontológicos
del problema planteado, hace más urgente el considerar las
semejanzas y diferencias entre los sexos, así como todo lo
que respecta a su formación en los diversos modelos escolares. La problemática
de la coeducación tiene su origen en el intento de modificar
el hecho de que a lo largo del desarrollo cultural de la humanidad
se haya tendido a identificar la educación y todo lo que concierne
con los diferentes roles y status sociales de las personas en función
del sexo. En este sentido,
la escuela coeducativa pretende favorecer la comunicación intersexual
partiendo de la premisa de que la función comunicativa es una
necesidad básica en el ser humano, ya que el hombre, como ser
sexuado, no puede prescindir en su formación del enriquecimiento
que supone la relación complementaria con el otro sexo. De ahí
que "la finalidad de la coeducación resida en capacitar
a los sujetos para el desarrollo de una mejor función relacional"
(Santillana, 1990, p. 268), lo cual exige la intervención o
fomento intencional entre los sexos, por lo que a las actividades
escolares se refiere, así como a la consideración de
la individualidad personal y sexual del conocimiento de la psicología
diferencial de los sexos, rasgos diferenciales, diferencias orgánicas
que inciden sobe la conducta, rasgos físicos, de intereses,
de personalidad. Con todo, y a
pesar del consenso de que el sexo, en determinados aspectos, diferencia
a los individuos y de que, en consecuencia, la educación debe
hacerse cargo de tales diferencias, el problema surge precisamente
en la forma en que la educación pueda adaptarse a tales diferencias.
Por ello la alternativa entre coeducación - educación
separada, lleva implícita, más bien, consideraciones
de otros muchos factores de carácter social, cultural, político
o religioso. Sin embargo, Gose (1996) explica cómo los maestros
y autoridades han decretado un trato igualitario para hombres y mujeres
tanto en el rendimiento como en la disciplina. Sin duda un gran
reto para la coeducación. Como puede observarse,
para este filósofo actual la coeducación no es recomendable
porque atendiendo a la verdadera naturaleza humana, que afirma que
Dios creó al hombre y a la mujer iguales en cuanto a personas,
pero diferentes en cuanto a sus responsabilidades para que se desarrollaran
y complementaran, se concluye que la educación de hombres y
mujeres debe ser diferente. Así el
estado de las cosas, considerar los modelos coeducativos o no, requiere
de un análisis profundo y minucioso, en el que debiera tomarse
el sustento filosófico por encima del económico y práctico,
y más allá de lo simplemente metodológico y didáctico. "La objeción
más seria contra la educación conjunta de hombres y
mujeres es la sospecha de un sexismo, anclado estructuralmente en
la coeducación laica, del que son víctimas las mujeres.
La dominación de los jóvenes, apoyada de hecho por el
docente, obstaculiza sistemáticamente el desarrollo profesional
y personal de las mujeres, y al mismo tiempo, hace que se ejercite
o practique el rol subordinado de ésta" (Jürgen,
1996, p. 23). Esta situación
también es reportada por Gose (1996; 22), cuando señala
que "las mujeres hacen menos contribuciones significativas en
salones coeducativos y las mejores alumnas en coeducación han
salido de escuelas separadas por sexo". Esto se reafirma con
las aportaciones de Spence (1999), quien afirma que en el nivel elemental
las niñas tienden a superar a los niños en casi todas
las áreas del conocimiento, y existe una probabilidad de 6
a 1 de que los niños presenten dificultades al aprender a leer,
esta aparente desventaja ha dado lugar a proposiciones serias de que
lo sexos se deben separar durante los primeros cursos y de que deben
hacerse esfuerzos sistemáticos para contratar más maestros
hombres a este nivel. Hay una serie
de trabajos empíricos que demuestran con frecuencia de manera
asombrosa el rol dominante de los jóvenes en la escuela coeducativa.
Krappman, Oswald y Von Salisch (1996), citados por Jürgen (1996),
muestran un cuadro discrepante de interacción escolar, en el
que se da también la agresividad, la violencia y vejación.
Por otra parte, Colemans (1996), citado también por Jürgen,
señala que la coeducación fomenta el crecimiento de
una cultura escolar no orientada académicamente, de tal manera
que las escuelas con separación por sexo y especialmente las
escuelas femeninas se caracterizan por una orientación hacia
el rendimiento, en una mejor disciplina escolar, mayor claridad en
las reglas sociales y en controles sociales más rigurosos.
Por su lado, las instituciones coeducativas parecen más interesadas
en contactos sociales, actividades no académicas y en establecer
menos controles. Todo lo expuesto anteriormente, evidencia que las investigaciones en cuanto a la educación de hombres y mujeres, se inclinan por que ambos sean educados para los roles que les corresponde desempeñar en la sociedad a la que pertenecen, también resaltan las diferencias de comportamiento y capacidades propias de cada sexo, aunque pocas de esas investigaciones relacionan el tipo de organización escolar con el rendimiento académico de los estudiantes. La Coeducación Actualmente se
utilizan indistintamente los términos educación mixta
y coeducación, por lo que es importante enfatizar que este
último se refiere a "la educación común
de muchachos y muchachas en la misma escuela y en la misma clase,
a las mismas horas, con los mismos métodos, las mismas materias
de enseñanza, los mismos profesores y bajo la misma dirección
general" (Ludochowski, 1963, p. 105). En cambio, la educación
mixta "se entiende como aquella que reciben los hombres y mujeres
en grupos y clases diferentes, pero en el mismo edificio escolar,
bajo la misma dirección general y en el mismo horario"
(Breuse, 1972, p.125). Como ya se dijo
antes, la coeducación surgió teniendo como marco la
Revolución Industrial, con la cual fue necesario integrar la
mano de obra femenina, y ésta empezó a ganar terreno
en la población económicamente activa y con ello, en
muchas de las profesiones características de los varones. Con la profesionalización
de la mujer se hizo indispensable la existencia de escuelas que permitieran
dicha formación; en Estados Unidos fue más económico
permitir que las muchachas ingresaran a las instituciones existentes
para varones (en el sistema oficial), que la creación de escuelas
femeniles, al implantar la coeducación y hacerla obligatoria
en el sistema oficial y particular en este país, no se valoraron
las consecuencias que esto pudiera tener. La controversia
continúa, pues mientras para unos la coeducación no
debió ser aprobada, para otros no es tan mala cuando quienes
la llevan a cabo reconocen sus peligros y procuran contrarrestarlos
con la vida religiosa de la comunidad parroquial (Breuse, 1972). Como puede observarse,
la coeducación procede necesariamente de una doctrina que afirma
el valor específico pero complementario de cada sexo, postula
el reconocimiento de su igualdad y debe animar a los chicos y chicas
a participar en actividades igualitarias, mostrando características
similares; las normas relativas al vestido, disciplina, juegos y reglas
deben ser iguales para los dos sexos. Para ello, los maestros no deben
disculpar la rudeza masculina ni reprimirla en las chicas. "La coeducación
es un proceso intencionado de intervenciones a través del cual
se potencia el desarrollo de niños y niñas partiendo
de la realidad de dos sexos diferentes hacia un desarrollo personal
y una construcción social comunes y no enfrentados (Castago,
1996, p. 36). Pero es importante recordar que la convivencia de los
sexos se recomienda en edades maduras y no en los inicios, pues se
corre el riesgo de desviar la misión de cada sexo. Sin embargo, Breuse
(1972) argumenta que este modelo debe comenzar desde el Jardín
de infantes y continuar hasta la Universidad. Esta continuidad es
importante para su éxito, pues habituados a vivir juntos desde
su más tierna infancia, chicos y chicas evitarán una
segregación de los sexos que les impida conocerse y los enfrente.
Es una concepción de la vida que implica una fe. Fe en que
la colaboración durante toda la vida permitirá a los
individuos de ambos sexos conocerse mejor, situarse correctamente
y hacer caer las barreras que se han levantado entre ellos. "Fe
en la posibilidad para los jóvenes de hacerse mujeres y hombres
auténticos, prestos al diálogo y una cooperación
sincera que debe conducir a una cultura y verdaderamente humana"
(Breuse, 1972, p. 128). El papel de la escuela es ayudar a la familia
en la formación de sus hijos, ya en la familia existe una relación
entre ambos sexos, la cual es cuidada por la madre especialmente;
por lo tanto, no es necesario la planeación de nuevos contactos
entre los sexos para que aprendan a coexistir, pues desde que los
hijos llegan al hogar ya cuentan con esas relaciones sociales entre
ambos sexos. En relación
con el aspecto pedagógico, la coeducación sugiere que
los educadores deberán estar interesados sobre todo en la personalidad
integral del hombre. Numéricamente el cuerpo de profesores
estará equilibrado entre hombres y mujeres. "Este equilibrio
ofrece tanto al niño como al adolescente la posibildiad de
encontrar el modelo de identificación que mejor le conviene"
(Breuse 1972, p. 130). Con curiosidad se observa que esta premisa
no se cumple, pues en la docencia se observa una presencia mayoritariamente
femenina, lo cual evidencia que la docencia es una profesión
femenina, esto debido a las características que el magisterio
debe reunir y a las oportunidades que ofrece, a las madres de familia,
de continuar educando a sus hijos. Como en todo trabajo,
se requiere un perfil del profesional que desempeñará
dicha labor, y la educación no es la excepción: La coeducación
necesita de hombres y mujeres afectiva y socialmente maduros, provistos
de un sólido equilibrio interior, de personalidades que han
resuelto sus problemas, sexuales sobre todo, y que lleven una vida
sexual armoniosa... educadores que pueden aliar la firmeza y la dulzura;
que tienen tacto para no herir nunca, que respetan en la muchacha
o el muchacho, a la mujer o al hombre de mañana (Breuse, 1972,
p. 132). Sin duda que hoy
este perfil laico es deseable en cualquier persona dedicada a la enseñanza,
independientemente del tipo de organziación escolar. Por otra parte,
en cuanto a planes y programas, según Breuse (1972), estos
deberán incluir además de los contenidos curriculares,
espacios específicos que permitan su socialización,
así como recursos didácticos que permitan el aprendizaje
personalizado y cooperativo. Es importante recordar que la socialización
se da independientemente en la familia primero, la iglesia y la comunidad
después sin que para ello deban dedicarse espacios y tiempos
específicos. El principal fin de la escuela no debe reducirse
a la socialización. Es decir, el profesor deja de influir deliberada
y sistemáticamente sobre los alumnos para convertirse en un
igual, carente de autoridad; subjetivista y relativista en el manejo
del currículum. Dejando de ser la causa eficiente de la educación
y, la persona madura y arquetípica a seguir por sus dicentes,
y un ignorante de la verdadera naturaleza del hombre. La organización
escolar será flexible en cuanto a programas y horarios, para
que permita a cada niño avanzar de acuerdo a su ritmo. El edificio debe
adaptarse a las necesidades humanas de socialización, con salas
específicas para la discusión, información, trabajo
de grupos, investigaciones individuales, actividades creadoras, clubes
de todo tipo y reuniones. Todos estos locales son comunes (incluso
los de la clase de cocina, corte y confección, economía
doméstica y los talleres). Las instalaciones de educación
física y el comedor lo son igualmente excepto los sanitarios,
los vestuarios y las duchas (Breuse 1972). Como ya se dijo antes,
esto evita la privacidad en las actividades correspondientes a cada
sexo y elimina las tareas propias de cada sexo al ponerlas a disposición
de ambos. En lo administrativo
(Breuse 1972), es recomendable que la dirección esté
confiada conjuntamente a un hombre y una mujer que sepan asumir juntos
la regulación psicológica en el equipo de educadores,
alumnos y toda la comunidad escolar. Sin embargo, es difícil
encontrar un director con las cualidades requeridas para el puesto
y las responsabilidades que éste implica, al pedir dos personas
que dirijan una institución la coeducación lo hace más
complicado. La coeducación
postula que la dicha del individuo depende de las relaciones entre
los sexos, la cual se prepara desde la escuela por una larga amistad
entre chicos y chicas, que se extenderá por toda su vida. Propone
que los métodos naturales son los más adecuados para
colocarlos en condiciones de vida normales. Se omiten en estos
conceptos coeducativos: la naturaleza caída del hombre a causa
del pecado original, la cual le dejó un intelecto debilitado
para encontrar la verdad, una voluntad menos capacitada para buscar
el bien y una inclinación natural al mal; la práctica
de las virtudes, medios que lo llevarán a alcanzar su fin último. Se toma a la escuela
por su papel primordialmente socializador y, por ende, se le considera
como una de las principales fuentes de transmisión de la cultura
-con todo lo que esto implica- ya que se le visiona como un poderoso
recurso que puede propiciar la formación de una cultura no
sexista, y cambiar los esquemas preestablecidos y desiguales entre
niños y niñas futuros adultos, lo que sin duda podría
lograrse a través de una verdadera educación, fundamentada
en los valores esenciales que permitan eliminar, hasta donde sea posible,
aquellas actitudes de crueldad y dominio sobre las mujeres, de indiferencia
hacia lo que nos rodea o de la sobre valoración del dinero
y los bienes materiales por encima de todo. Rendimiento
Académico Quien realiza
cualquier actividad, siente el deseo de apreciar el resultado de sus
esfuerzos, para saber si el producto que está logrando reúne
las características satisfactorias previstas o necesita modificar
los procedimientos, materiales, etc., de manera que alcance las metas
propuestas. La preocupación
de verificar el aprendizaje debe ser permanente en el profesor, debiendo
tener vigencia en todas las circunstancias, de modo que se pueda proceder
continuamente a la comprobación y rectificación de lo
aprendido. Verificación y corrección simultáneas,
a fin de que el alumno no prolongue sus posibles deficiencias de aprendizaje.
Esta actividad es la parte final del proceso de la enseñanza,
el cual empieza con el planeamiento del curso. Por él se llega
a una conclusión acerca de la utilidad o inutilidad de los
esfuerzos empleados en los trabajos escolares, tanto por el docente
como por el alumno, es la evidencia de lo que el alumno ha aprendido
realmente (Monocayo, 1992). A través de ella se llega a saber
si la escuela está o no cumpliendo su misión y, principalmente
si está enriqueciendo la vida del educando. Además,
ofrece la posibilidad objetiva de reorientar y recuperar a los alumnos
que han quedado rezagados en sus estudios. El rendimiento
académico según Nérici (1984: 461) es lo que
el alumno adquirió durante un periodo de estudio, siempre con
referencia a una asignatura, o a un área de conocimiento. En
cambio W. A. Kelly (1982: 401) lo define como: El estado de las realizaciones
obtenidas en clase y el grado en que se han alcanzado los objetivos
didácticos, revela los frutos de la labor extraordinaria dedicada
específicamente a esta o aquella materia. El rendimiento
académico suele usarse como sinónimo de aprovechamiento
escolar, sin embargo, el primero representa el nivel de logro de un
alumno mediante la evaluación de los objetivos educativos pretendidos.
En cambio, el aprovechamiento escolar es un término que expresa
lo que el estudiante ha logrado interiorizar, hacer suyo, para su
beneficio o provecho; lo cual no es posible medir con precisión
al término de una lección o de un curso. En la verificación
del rendimiento académico, el profesor es la persona idónea
para emitir un juicio de valor objetivo-subjetivo, ya que tiene un
prolongado contacto con los alumnos, suficiente información
sobre el desarrollo y el alcance de las actividades de los mismos. Castillo (1989)
propone revisar una serie de factores que influyen en el rendimiento
académico y su posible relación con aspectos como la
organización de las escuelas, estos factores pueden ser personales,
académico-escolares y socio-ambientales, entre otros. Sin embargo, cuando
Kelly (1982), habla del aspecto personalidad, se refiere al hombre
completo, consecuentemente constituido de un cuerpo con su perfección
y belleza, o carencia de ello; y de un alma con las potencias mentales
de la inteligencia, la imaginación y la voluntad; incluye elementos
como la herencia, el medio ambiente y por supuesto la voluntariedad,
entendida ésta como la formación del carácter.
óbservese que Castillo (1989), separa la inteligencia de la
personalidad, cuando en realidad la primera es parte de la segunda. Por su parte,
los factores académico-escolares están constituidos
por un conjunto de elementos personales, materiales y de circunstancias,
que configuran la tarea educativa e instructiva en la escuela. Tanto
los elementos personales, especialmente la figura del profesor, como
los materiales, metodológicos, organizativos y didácticos;
pueden facilitar o afectar el rendimiento de los alumnos. La formación
de un individuo depende, en gran medida, de la calidad de la institución
escolar que integra dichos elementos; y esta calidad se materializa
en la preparación del profesorado, la metodología empleada,
los modelos organizativos, los medios y recursos didácticos
utilizados, el tipo de centro y su funcionamiento (Castillo, 1989).
Esto significa, que para que haya un mejor rendimiento, no es suficiente
considerar solamente la personalidad del educando, antes bien, deben
incluirse todos aquellos elementos personales y académicos
que integran la vida escolar. Así mismo,
los factores socio-ambientales son el reflejo del entorno socio-cultural,
que afecta al desarrollo del aprendizaje del alumno y con ello a su
rendimiento. El medio familiar, el desarrollo cultural, el nivel socio-económico
y las clases sociales son algunas de las variables más estudiadas
en las investigaciones sobre rendimiento académico. En cualquier
caso, la influencia de los factores socio-ambientales va disminuyendo
al aumentar la edad y nivel escolar de los alumnos, debido a la autonomía
personal frente a los determinantes ambientales (Castillo, 1989). No obstante, la
misión educadora de la familia es uno de los elementos intervinientes
que hoy en día ha sido depositada en otros agentes, como los
medios masivos de comunicación, los coetáneos y la comunidad,
entre otros; se ha dejado a la escuela sola frente a la gran responsabilidad
que representa la formación integral de niños y jóvenes. La influencia multi factorial que afecta el rendimiento académico, obliga a considerar la presencia de dos o más de ellos a la vez, en el momento de realizar investigaciones, recomiendan los expertos. * El presente
trabajo forma parte del marco teórico de una profunda investigación
que realizan las autoras sobre el rendimiento académico y el
tipo de organización escolar.
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