Buenas
tardes, maestro de ceremonias, Dr. Bórquez, rectores,
profesores,
graduados, familiares, amigos, y los últimos
en orden pero no en importancia, mis nuevas colegas
médicas - la mejor Generación de 2002
- ¡la clase de graduados de la Autónoma!
Es
un honor para mí estar aquí entre todos
ustedes.
Ustedes tienen en frente a una conferencista con un
poco de todo.
He sido: puerrtorriqueña zurda graduada de la
Facultad de Medicina; Ganadora
del Premio Interna del Año del Centro Médico
de la Universidad de Michigan; Nefróloga de Georgetown
con un I.Q. más alto que mi BUN (nitrógeno
ureico sanguíneo);
La
primera mujer como Cirujana General de los Estados Unidos;
Graduada con el Doctorado en Salud Pública de
la Universidad John Hopkins;
Y últimamente, la 13ava Comisionada de Salud
del gran Estado de Nueva York.
Como
se puede ver, todavía trato de entender qué
voy a ser cuando crezca.
Me impresiona que en esta generación de la Autónoma,
188 de ustedes
recibirán el grado de Doctor en Medicina.
También
me impresiona que 3 de ustedes recibirán reconocimientos
especiales.
Ustedes representan un estudiantado diverso; no sólo
son de México sino de
los Estados Unidos, Puerto Rico, Brasil, Colombia, Vietnam,
Belice, Haití,
Cuba, Irán y España.
Igual
de impresionante es el hecho de que casi el 50% de la
generación es de
Puerto Rico.
No
nos extraña, entonces, que casi todos ustedes
escogieran el internado en
el Programa de la Quinta Senda (Fifth Pathway) y, a
consecuencia, un gran
número de ustedes irán a instituciones
excelentes.
También
me impresiona que varios de ustedes encontraron el tiempo
para
casarse y empezar familias mientras aprenden a cuidar
a los demás.
Igual de impresionante es que muchos hijos e hijas de
médicos decidieron
seguir los pasos de sus padres. Felicidades, es extremadamente
gratificador
verlo.
Estoy
tan impresionada con todo que han hecho, pero aún
más impresionada que
casi el 40 por ciento de la generación son mujeres.
Felicito a las mujeres y
agradezco a los hombres; es una muestra de que los hombres
de calidad no
temen a las mujeres que buscan la igualdad.
Pero
lo que más me impresiona es la manera en que
muchos de los graduados
han sido voluntarios para mejorar la salud y la vida
de la gente en su
colonia y alrededor del mundo.
Desde:
* Ser voluntarios para ayudar en la Ciudad de Nueva
York y en equipos de
desastre de la Cruz Roja;
* Ser voluntarios en las salas de urgencias en Guadalajara
y con la campaña
de donación de sangre a través del Hospital
Auxilio Mutuo.
Hasta:
* Visitar a asilos para ancianos para dar atención
a los ancianos.
En
la Universidad Autónoma de Guadalajara, hacen
lo que predican.
Es
por eso que como mujer e hispánica, es un honor
para mí estar con ustedes
hoy para celebrar esta institución destacada
y compartir su orgullo en estos
finos jóvenes que llevarán su legado hacia
el futuro: la Generación de 2002.
Su
generación es un poco parecida a esta ex Cirujana
General -
suficientemente pequeña para ser personal pero
suficientemente grande para
ser poderosa.
Graduados,
vengo ante ustedes hoy para hacer tres cosas: felicitarles,
aconsejarles y retarlos.
Felicidades.
Piénsenlo nada más - dentro de un mes
por fin pueden empezar a
pagar sus préstamos de estudiantes.
Sí
quiero felicitarles por su ingreso en el arte de la
medicina. Sí, ahora
están en el nivel de ingreso.
¿Una
frase trillada? Por supuesto, pero como la mayoría
de las frases
trilladas, contiene un grano de sabiduría, sobre
todo para aquellos que
escogieron la medicina como el vehículo para
mejorar la calidad de vida de
sus prójimos.
Creo
que no hay misión más noble en la vida
que ésta.
Piénsenlo. La mayoría de la ciencia y
tecnología que aprendieron pronto será
obsoleta. Aun peor, dentro de 10 años probablemente
no se acuerdan de más
del 10% de los datos que ustedes metieron en la cabeza.
Me
preocupa que tanta educación se tenga que pasar
en la labor monótona de
memorizar datos, y tan poco tiempo se pase en la enseñanza
conceptual de la
medicina, la prevención y el sentido común.
Por
supuesto los datos son necesarios. Son los ladrillos
en la construcción
de nuestros conocimientos. Sin los datos, el criterio
científico es
imposible, la honestidad es irrelevante y la compasión
es fraudulenta. No
obstante, los datos cambian.
Por
eso, para mí el verdadero propósito de
la educación no es la mera
acumulación de datos sino la creación
de un hábito mental, una manera de
ser.
Con
esto quiero decir: el profesionista médico completo
debe ser humilde
respecto a los datos que no sabe.
Sócrates
dijo que si él era más sabio que todos
los demás de la antigua
Grecia, sólo era porque él sabía
lo que no sabía.
Así
que aunque les doy mis felicitaciones más cálidas,
les exhorto a
lanzarse en una aventura de toda la vida de aprender,
de cuidar a los demás
y, más que nada, de cuestionar.
Hoy
están aquí ustedes con el apoyo de sus
profesores, justamente como ellos
tuvieron el apoyo de sus predecesores. Igual que ellos,
ustedes también,
algún día, pasarán la antorcha
a la siguiente generación.
Graduados, deben mantener brillante la antorcha de la
medicina. Quieran a su
profesión y háganla progresar.
En
las palabras de Hipócrates: Cuando se quiere
el arte de la medicina,
también existe el amor a la humanidad.
Y
ahora, mis consejos:
Sir
William Osler, en su discurso de despedida a unos estudiantes
estadounidenses de medicina, dijo: "Para cada uno
de ustedes, la profesión
de medicina será en gran parte lo que hace de
ella - para algunos una
preocupación, una ansiedad, una molestia perpetua;
para otros una alegría
diaria y una vida con toda la felicidad y provecho que
pudiera tener un
hombre."
Y
yo les aconsejo que establezcan sus metas ahora. Después
de todo, si
ustedes no saben hacia dónde van, pues ya llegaron.
¿Qué clase de médicos serán?
Quiero que sean reconocidos no sólo por sus
logros sino también por sus sueños.
Aunque
ruego que sean reconocidos por sus éxitos, acuérdense
de que no hay
vergüenza en un fracaso noble.
Recordemos
que nuestro trabajo como profesionistas nos define como
seres
humanos. Como ya se dijo, "mucho de lo bueno y
lo malo que usted haga en
este mundo será a través de su trabajo."
¿Cómo
contemplarán su trabajo? El escritor Robert Bella
describe tres tipos
de trabajo:
Primero
es la chamba, donde la meta es sencillamente ganarse
la vida y
mantener a su familia.
Luego
es la carrera, donde usted marca su progreso con los
diferentes
nombramientos y logros.
Finalmente
es la vocación, una combinación ideal
de actividades y carácter
que hace que el trabajo sea inseparable de la vida.
Como
médicos con una responsabilidad muy visible de
no defraudar la
confianza pública, espero que no sólo
busquen una chamba. Espero que no sólo
planeen una carrera.
Espero
que todos y cada uno de ustedes tengan una vocación
- una vocación
médica.
Pero
una palabra de advertencia - de alguien que hace 32
años estaba sentada
donde están ustedes ahora - el mundo no les debe
nada. ¡Esperar que el mundo
los vaya a tratar bien porque usted es buena persona
y graduado de esta
universidad es como si esperara que un toro bravo no
le fuera a atacar
porque usted es vegetariano!
Así
que trabajen duro y tengan cuidado con los enemigos
de la tranquilidad:
la avaricia, la ambición, la envidia, la ira
y el orgullo. Y eviten los
pilares de desesperanza de Kruschner: la complacencia,
la mediocridad, y
sobre todo, la indiferencia.
¿Estarán
felices en su trabajo? Espero que sí. Pero, ¿cómo
lo harán?
La riqueza, la fama y el poder por sí solos no
les harán felices.
De
hecho, los médicos más felices que conozco
son aquellos que pasan la vida
haciendo bien a los demás - sin preguntar, "¿qué
provecho puedo sacar?"
Tenemos
que recordar, como ya se ha dicho, que el servicio es
la renta que
pagamos por vivir . . . y dicho servicio nos distinguirá
. . . servicio a
nosotros y nuestra familia, servicio al país
y servicio a Dios.
La
importancia de esta actitud de servicio es dolorosamente
patente en el
mundo actual.
Amigos,
hay un vacío espiritual en la sociedad estadounidense
hoy en día.
Hay demasiado de "¿qué puedo obtener?"
en lugar de "¿qué puedo dar?"
Debemos recordar que la prueba de ganarse la vida puede
ser cuánto tenemos,
pero la prueba de la vida es cuánto damos.
Por
eso, aunque de todo corazón les deseo mucha felicidad
en su trabajo, les
advierto que no busquen la felicidad por el puro placer
de la felicidad. Si
ustedes hacen el bien, créanme, la felicidad
buscará a ustedes.
Entrará
silenciosa en su vida de muchas fuentes; el sincero
"gracias" de un
paciente agradecido, un descubrimiento silencioso en
el laboratorio, una
conferencia bien redactada, el papel científico,
el libro, la política
pública o la intervención comunitaria
que puede mejorar la vida de millones.
La
profesión médica, como ven, ofrece muchos
caminos a la felicidad. Por eso
les aconsejo no ser solamente buenos médicos
y profesionistas de la salud.
Antes
de todo, sean buenos hombres y buenas mujeres.
No se olviden equilibrar la vida: familia, amigos, tiempo
de ocio,
pasatiempos, causas sociales, voluntarismo, y, sobretodo,
religión.
Sólo
si mantienen su propia salud - física, mental
y espiritual - podrán
cuidar la vida de los que depositan su confianza en
su atención.
Ahora,
quisiera retarlos:
Colegas,
no necesito decirles que el futuro de la atención
médica está
pavimentado con temas complejos ... pero ciertamente
les puedo decir que el
futuro ya llegó y queda mucho por hacer.
Me
acuerdo de una observación muy sencilla pero
a la vez profunda de Mark
Twain, quien dijo:
"El
buen criterio proviene de la experiencia. ¿Y
de dónde viene la
experiencia? La experiencia proviene del mal criterio."
Les
puedo decir que si vamos a poder con los retos complejos
y difíciles de
salud de la nación, vamos a necesitar una buena
dosis de ambos: experiencia
y criterio.
La
verdad es que somos testigos de una asombrosa revolución
epidemiológica,
demográfica y política, y nos guste o
no, todos seremos arrastrados por sus
corrientes.
Creo
que para tener éxito debemos volver a descubrir
la verdadera profesión
de la medicina, la cual es mucho mas grande que el solo
tratamiento de
enfermedades, o ejerceremos la medicina en un vacío.
Recordemos
las palabras del Dr. Grover Powers, uno de los pioneros
del campo
moderno del retraso mental, cuando dijo hace casi 40
años, "Cuando no hay
cura, a veces los doctores se rinden con demasiado facilidad
al derrotismo
terapéutico, y se olvidan de que el médico
es tan responsable de aliviar como
de sanar."
Estas
palabras tienen más importancia para el futuro
cuando los médicos
pronto sean requeridos a ejercer la medicina a un nuevo
nivel genético y
molecular, utilizando el instrumental biotecnológico
más sofisticado.
Temo
que se nos olviden las caras detrás de los números,
y la gente detrás
de las estadísticas.
Colegas,
aunque sea imposible determinar con precisión
cómo van a ser los
cambios, permítanme compartir con ustedes cinco
retos que yo veo en el
futuro ... retos que pueden tener un efecto directo
en la manera en que
damos atención y, además, en la manera
en que respondemos como la comunidad
médica.
El
reto número uno es que debemos responder a las
necesidades médicas de una
sociedad cada vez más diversa con una demografía
que cambia rápidamente.
Consideremos que en los Estados Unidos, una nación
de 281 millones de
habitantes:
-
Más de la mitad de la población son mujeres;
- 12.3 por ciento de la población es afro-americana;
- 13 por ciento es hispánica;
- Casi el 4 por ciento es asiática o de las islas
del Pacífico;
- Casi el 1 por ciento es indígena o nativa de
Alaska;
- Casi 7 millones de gente, el 2 por ciento, es multiracial.
Casi uno de cada cinco es menor de 12 años:
- Más de uno de cada 10 es mayor de 65 años:
- 74 millones de "Baby Boomers" (la generación
nacida durante la Segunda Guerra Mundial) ya peinan
canas;
- 79,000 gente tiene más de 100 años;
y
- La jefe de familia de 7 por ciento de los hogares
con niños es mujer.
Todos
estos datos nos dan una primera mirada a la composición
cambiante y
complicada de las familias estadounidenses y tienen
insinuaciones de mucho
alcance que los médicos como ustedes tienen que
emprender.
Colegas, sencillamente no nos podemos dar el lujo de
adherirnos ciegamente a
valores y percepciones que están fuera de realidad,
o seguir prácticas
rígidas y obsoletas que una vez eran aceptadas
por la mayoría.
Necesitamos
reconocer que el papel del profesionista médico
tendrá que
cambiar para acomodar los cambios de la demografía
y las necesidades de las
comunidades emergentes.
Creo
que hoy más que nunca nuestra diversidad como
nación está entretejida
con nuestra fortaleza y nuestras esperanzas del futuro.
A
base de esta fortaleza, y unidos por nuestra preocupación
común de la
salud y el bienestar de toda la gente de esta nación,
podemos unirnos como
nunca antes para cerrar la brecha entre los ricos y
los pobres.
Si
los Estados Unidos va a ser grande para algunos de nosotros,
entonces los
Estados Unidos debe ser grande para todos nosotros.
Franklin
D. Roosevelt decía, "La prueba de nuestro
progreso no es si
aumentamos la abundancia de los que ya tienen mucho.
Es si damos suficiente
a los que tienen poco."
El
reto número dos amenaza sacudir la prestación
de atención médica hasta su
médula: el reto de facilitar el acceso a todos
nuestros ciudadanos a una
atención médica adecuada.
Una
atención que es amplia, basada en la familia,
centrada en la comunidad,
culturalmente sensible y bajo el mismo techo.
Un
sistema de atención médica que es fácil
de usar, portátil, eficiente y
segura, y cumple con cinco criterios: accesible, no
costoso, disponible,
responsable y, por cierto, también afable.
Un
sistema de atención médica con el equilibrio
adecuado entre satisfacer
las necesidades de salud con costo - beneficio, sin
poner en peligro la
cantidad de proveedores de atención médica,
o donde la enseñanza y la
investigación se restringen de manera innecesaria.
No
obstante, creo que para lograrlo, tenemos que asegurar
que los planes de
estudios médicos que promovemos satisfacen las
necesidades de las
comunidades que servimos.
Un
problema que veo en la medicina actual es que nos han
enseñado que una medición de comunicación
y erudición es la cantidad de artículos
publicados y presentaciones
científicas compartidos con la comunidad académica.
La
medicina académica, después de todo, es
una vocación noble. Pero en el
mundo actual también debe responder a las necesidades
más amplias de la
sociedad.
Con
la existencia de restricciones presupuestarias, la era
de la "torre de
marfil" se acabó.
Cada
miembro de la comunidad debe sacar provecho de los talentos
disponibles
en nuestras facultades de salud pública y medicina.
En
el futuro deberemos poner el mismo énfasis en
la práctica que en las
publicaciones, la misma énfasis en la pedagogía
que en la antigüedad, lo
mismo en las becas que en la entereza.
Quisiera
ver a más profesores y estudiantes de medicina
con las camisas bien
arremangadas en sus comunidades - poniendo práctica
y experiencia en la
atención médica.
Y
a cambio, quisiera ver que nuestras universidades premiaran
a los
profesores por su excelencia en la enseñanza
y por su involucramiento en la
comunidad.
Los
académicos del futuro, en otras palabras, deben
ser alentados y
premiados por llevar su toga al pueblo.
Colegas,
al iniciar el siglo 21, nos enfrentamos con una complejidad
de
opciones de atención médica y planes médicos
sin precedencia en la historia
de curar a los humanos.
Desde
la medicina tradicional a base de honorarios por servicios
prestados
hasta la atención administrada, desde los planes
proporcionados por los
patrones hasta los programas estatales y federales.
Desde
hace 20 años, los Estados Unidos es testigo de
un crecimiento
fenomenal del área de atención administrada,
incluyendo HMO, IPO, PPO y todo
un alfabeto de tipos de planes y programas.
Los
médicos somos cada vez más empleados de
estos grandes sistemas de salud
integrados y no obstante casi por definición
se reduce nuestra autonomía.
Las
burocracias de la atención médica han
logrado abatir los costos al
reducir la demanda mediante reglas impuestas por la
administración, y
simultáneamente han trasladado la asunción
de riesgos de las aseguradoras a
los proveedores.
Dados
los movimientos tan veloces en el mercado médico
moderno, el mayor
reto de los médicos de hoy es encontrar la manera
de marcar el ritmo del
cambio, asegurándose de que los sistemas de servicio
en evolución y los
cambios de prioridades no socaven los valores fundamentales
de nuestras
antiguas relaciones curativas.
Muchos
de nosotros presentes hoy podemos recordar cuando a
mediados de los
años 70 el público tenía un alto
aprecio para los médicos, casi igual que
para el clérigo.
Siempre
confiábamos en nuestra habilidad de ganarnos
la vida bien - sólo
teníamos que colocar un letrero y vendrían
los pacientes.
La
medicina académica parecía ofrecer lo
mejor de ambos mundos: sobraba el
tiempo para investigar, enseñar un poco, y una
práctica particular limitada.
Actualmente
todo parece estar en peligro: la independencia, el tiempo,
las
becas fáciles de obtener, el estilo de vida,
aun la seguridad.
Se
ha arrebatado el control de la atención delos
médicosy está en manos de los
burócratas, directores generales y hasta políticos.
Hoy
tenemos la imagen de un sistema de atención médica
de alta velocidad y
consciente de costos que a veces parece dejar poco espacio
para las
necesidades de la ecuación humana.
Donde
los pacientes cambian de proveedor de atención
médica literalmente con
la misma frecuencia con que cambian de empleo.
Donde
un traslado a la sala de urgencias en un verdadero caso
de urgencia
puede significar que debe llamar primero al administrador
del plan médico -
para estar seguro de que se aprueban los cargos.
Y
donde todos los hospitales y clínicas buscan
el mejor rédito de los
dólares que gastan en la atención médica
en un mercado cada vez más
competitivo.
Por
el bien necesario de su salud financiera, el negocio
de la atención
médica se ha vuelto más magro. Y a veces
más cruel.
Pero
sabemos que esto sucede porque el mercado busca valor,
el cual se
traduce en atención de alta calidad con costo
- beneficio.
Dijo el Dr. Steven Wartman:
"La
imagen de la medicina que se está proyectando
es una donde a los médicos
les importa más proteger sus ingresos y metas
personales que la sociedad en
sí. El precio que pagamos ha sido una perdida
continua de independencia,
credibilidad, y un temor del futuro".
Podrían
preguntar de cuáles opciones disponemos los médicos
en este tipo de
ambiente. Las opciones políticas normales, tales
como la abogacía y la
educación pública, dependen de que los
médicos se pongan de acuerdo como
grupo respecto a un método común. Desafortunadamente,
se darán cuenta
ustedes que un acuerdo entre nosotros como grupo es
muy improbable. Los
médicos no tenemos la tradición ni el
tiempo de ser políticos capacitados.
¡Nos importa la gente, no las encuestas!
En
tiempos como estos, justamente como en el caldo de pollo,
apetecemos los
valores de antes.
Pero
en este ambiente y en estos tiempo, me pregunto de vez
en cuando si la
humanidad fundamental de la medicina sobrevivirá.
Y no puedo más que
contemplar cómo era antes, y preguntar "¿Hay
un médico en la sala? ¿Todavía
vive el Dr. Welby?"
Sugiero
que si vamos a tener éxito, debemos ser escuchados
como los
representantes de las comunidades que servimos.
No
con un informe anual o un congreso anual sino día
a día con interacciones
concisas y programas con metas definidas.
Después
de todo, se ha dicho que sean administradores, cirujanos,
internistas, radiólogos y médicos familiares,
ustedes no conducirán el país
hacia el siglo 21 respecto a la atención médica
si operan con una visión de
túnel, si su capacidad administrativa está
restringida por el papeleo, si
sus intervenciones quirúrgicas revelan sólo
un artista magnífico.
Yo
propongo que su vocación otorgada por Dios va
más allá de su habilidad
curativa.
Entonces
permítanme sugerir que sin importar qué
dispare el futuro a la
atención médica, que ustedes, los médicos
del futuro, lleguen a ser hombres
y mujeres preocupados por descubrir de donde vienen
sus pacientes y dónde
han estado.
No
sólo su historial médico en el cuestionario
que llenan en la recepción,
sino sus experiencias más amplias de la vida
humana o inhumana.
En
realidad, toda su persona, su humanidad integral.
"Acuérdense,
a sus pacientes no les importará qué tanto
sabe usted hasta que
sepan qué tanto ellos les importan".
Ustedes
podrán preguntar, "¿Qué tienen
que ver los problemas sociales de la
gente con el ejercicio de la atención médica?"
Debo
responder que si tratamos de restaurar y preservar la
salud
eficazmente, necesitamos saber el impacto de todos los
aspectos del
sufrimiento humano antes de anotarlos como meras estadísticas
en los planes
de acción de la atención médica.
Al
ejercer la medicina moderna, los proveedores modernos
de atención médica
deben estar en contacto con la totalidad de la gente
que tratan.
Deben
entender campos tales como la nutrición, el comportamiento
sexual, las
adicciones, la depresión y otros temas como la
economía que no nos enseñaron
de manera extensiva cuando estábamos en la facultad
de medicina, o cuando
ingresamos en los programas de residencia.
Para
empezar, creo que si vamos a tener éxito, debemos
considerar a nuestros
pacientes como nuestros socios en la atención
médica.
Los
pacientes con demasiada frecuencia se quejan que se
les consideran como
limosneros de atención y les atiende el médico
a su conveniencia. También
dicen que el ambiente global de algunas instalaciones
médicas no es propicio
para la auto-estima de los pacientes, la atención
a los pobres, las
necesidades de las madres trabajadoras, o la tolerancia
de los analfabetos.
Se
programan los horarios de las clínicas para la
conveniencia del proveedor
en lugar de la conveniencia de los pacientes; las esperas
son por lo general
prolongadas y las instalaciones con frecuencia se encuentran
en lugares
pocos prácticos.
Colegas,
debemos reconocer que abogar por las necesidades de
los médicos
posiblemente no es lo mismo que abogar por las necesidades
de los pacientes.
La
terrible inestabilidad de las finanzas para la atención
médica y la
prestación
de la misma ha impuesto una presión enorme en
diferentes grupos
de profesionistas, incluyendo el nuestro.
Pero
es importante que no nos engañemos diciendo que
lo que es bueno para
los médicos es bueno para los pacientes.
Hay
una distinción importante, una que debe informar
nuestras deliberaciones
mientras demos forma a nuestra visión del futuro
de nuestro pueblo.
Colegas,
mi tercer reto para ustedes es el tema de VIH y SIDA.
Si alguna vez creíamos que el SIDA era principalmente
la enfermedad de
homosexuales blancos, este tiempo ya pasó.
Hoy
en día el SIDA tiene la cara de grupos de minorías,
la cara de una
mujer, de un adolescente, y la cara de la familia humana.
Debemos
proporcionar acceso a una atención sofisticada
y continua a enormes
cantidades de jóvenes, muchos de los cuales actualmente
carecen de la
atención más básica.
Y
debemos encontrar la manera de financiar dicha atención
para que la
institución que la ofrece no quede destruida
en el proceso.
Pero
sobre todo, tendremos que crear mecanismos para prestar
la atención
médica de una manera que refuerce la esperanza
y la dignidad de las personas
que viven con VIH y SIDA.
Hay
familias completas en riesgo y estamos perdiendo la
ventana de
oportunidad para hacer un impacto en su vida.
En
esta década de SIDA, temo que algunos de nosotros
todavía suponemos,
rechazamos y proyectamos. Y más importante, todavía
juzgamos en lugar de
brindarles atención.
Más
que nada, estemos preparados para luchar contra el SIDA
con la misma
determinación que usamos en nuestras investigaciones.
En el futuro debemos cuidar
más y juzgar menos.
El
reto número cuatro es otro que traté como
su ex Cirujana General: el reto
de la violencia en nuestra sociedad ... una amenaza
que deshilacha la tela
de la sociedad, proyectando una sombra sobre cada hogar
y comunidad, robando
nuestra tranquilidad.
Los
médicos y otros profesionistas de la salud están
acostumbrados a pensar
que el tema de la violencia es la responsabilidad de
otros grupos - la
policía, los tribunales, los políticos,
los medios de comunicación y la
iglesia. No obstante, sugiero que se necesita revisar
esta manera de pensar.
La
violencia doméstica es una enfermedad, pero por
demasiado tiempo se le ha
tratado como un secreto de familia. Hasta que empecemos
a hablar de ella ...
hasta que empecemos a tratarla como la enfermedad que
es, seguirá devastando
familias y destrozando vidas.
Colegas,
no es un problema pequeño cuando:
* Una de cada cuatro mujeres estadounidenses es afectada
por la violencia
doméstica.
* Cada década la violencia mata a más
mujeres en ese país que el número
total de estadounidenses que murieron en la Guerra de
Vietnam.
Imagínense cómo sería construir
un muro nuevo cada 10 años - un muro
inscrito con los nombres de las mujeres que murieron
- en la mayoría
de los casos a manos de los que deberían amarlas
más.
Pero
en contraste con el Memorial de Vietnam, este muro imaginario
sigue
creciendo - bofetada por bofetada, golpe a golpe, bala
por bala.
Tan
terrible que sean las cifras, esta guerra oculta no
afecta sólo a las
mujeres.
La
violencia doméstica se apunta a los más
vulnerables de nosotros, hombres,
mujeres y niños incluyendo a los que menos se
pueden defender, los que se
encuentran en el inicio y el final de su vida.
Cada
año se estima el costo médico directo
de todas las lesiones violentas
en los Estados Unidos en 10 mil millones de dólares
en costos relacionados
con la salud.
Pero
si el costo económico de la violencia es elevado,
el costo social es
incalculable.

La verdad, los médicos no hemos podido identificar
correctamente el 95 por ciento de las víctimas
de la violencia doméstica.
Aunque
algunos de nosotros pasamos la vida en la frente donde
vemos víctimas todos los días, a veces
no las vemos, a veces no escuchamos. A veces no
respondemos a ellas.
Acuérdense,
la seguridad del consultorio médico puede ser
el único santuario
que encuentra el paciente de su infierno personal de
violencia y abandono.
La
realidad es que ustedes y yo podemos ser lo único
que separa al paciente
de un abuso continuo. Así que aprendan a preguntar,
aprendan a documentarse,
aprendan a referirlos, aprendan la paciencia. Más
importante, aprendan a
comprender.
Los
médicos como protectores de la vida debemos levantar
la voz. Debemos
informarnos, involucrarnos y ponernos a cargo.
Sostengo
que sólo se detendrá la violencia cuando
todos dejemos de aceptarla
como una manera de vivir y empecemos a hablar y actuar
como parte de la
solución.
Reto
Número Cinco - Este reto llega al meollo de lo
que hacemos y quiénes
somos. Es el reto del profesionalismo.
En
pocas palabras - la medida en que la atención
médica tiene éxito o
fracaso para el paciente y los que le brindan atención
depende de la
respuesta a una pregunta muy importante, la cual es:
¿Podemos
como médicos mantener las cualidades humanísticas
tradicionales de
la medicina dentro de una estructura cada vez más
corporativa? Digo que sí
podemos.
Pero
para empezar, debemos cuidar a la gente, no a vidas
aseguradas sino a
la gente. Debemos ampliar nuestro alcance e influencia
como profesionistas
para tener un impacto positivo no sólo en los
que vemos en los consultorios,
clínicas y hospitales sino a los que viven en
nuestra colonia y comunidad.
Debemos
ser la voz de los privados de sus derechos - los jóvenes,
los
pobres, los discapacitados y los ancianos - -
- - los que pueden estar fuera de nuestro sistema de
atención médica pero no
por su culpa.
Y
debemos levantar la voz en Washington, en los congresos
estatales y las
comunidades locales.
Se
dice que nuestra amada profesión se encuentra
en una encrucujada. Y así es.
¿Seguimos el camino del consumismo con su énfasis
en los costos
administrados, los servicios racionados, y la toma de
decisiones por
terceros? ¿O seguimos el curso consagrado por
el tiempo de abogar a favor
del paciente, la atención óptima, el altruismo,
la excelencia, la integridad
y la responsabilidad personal?
¿Dicen
ustedes que la decisión es fácil? Pues,
no es tan fácil.
El dilema para el doctor de hoy es lo que se llama Doble
Agencia. Estamos
atrapados en medio entre nuestros pacientes y nuestra
sociedad representada
por los sistemas burocráticos de atención
médica. ¿Qué podemos hacer al
respecto? Creo que la respuesta es el profesionalismo
médico. Algo que nos
recuerda que debemos tener el valor de poner a nuestro
pacientes primeros.
Desde
la antigüedad cada uno de nosotros como miembro
de la profesión médica
protestamos un juramento - una ética - que dice
que cada paciente tiene el
derecho a esperar ciertas cosas de nosotros: competencia,
cuidados, cortesía
y candor, sin mencionar mantener las prioridades de
nuestros pacientes en
primer lugar en el ejercicio diario de nuestra profesión.
Los
médicos tenemos la oportunidad y el privilegio
de hacer una diferencia
de la manera en que alguien tendrá una vida mejor.
Tener dicha oportunidad
es un privilegio pero uno que viene con un precio.
Y
el precio no es sólo hacer todo que podemos para
mejorar la salud de
nuestros pacientes sino hacerlo de una manera que sea
digna de su confianza
y respeto.
Colegas,
como médicos del nuevo milenio, acuérdense
que los efectos
terapéuticos de las máquinas y los dispositivos
sólo son mejorados por el
toque de una mano curativa o una palabra de aprecio.
Y aunque tenemos la
obligación de progresar con la tecnología
y la ciencia de la medicina, y
abogar por las investigaciones necesarias, siempre debemos
mantener el
elemento humano del trabajo que realizamos.
Porque
a pesar de que nuestro sistema de atención médica
ha cambiado, la
vulnerabilidad y las necesidades de la gente que servimos
no han cambiado.
Así
que desempeñemos nuestro trabajo con un profesionalismo
que mantiene la
profesión médica como una institución
sagrada, no sólo para los que
trabajamos en ella sino, y más importante, para
todos que dependen de ella.
Pero
sobre todo, mis nuevas colegas, como ya dije:
* Cuiden a personas, no sólo a pacientes. Y ciertamente
no consumidores o vidas aseguradas.
* Busquen maneras de trabajar juntos. No lado a lado
sino de la mano, una
mente cooperando con otras mentes - una sinergia poderosa.
* Respeten las altas normas éticas en las cuales
se fundó la profesión
médica. Vivan acorde con las normas y alienten,
más bien exijan que los
demás hagan lo mismo.
Más
que nada, iluminen el camino para que los demás
puedan seguir. Con eso
quiero decir: protejan la autonomía, hablen de
la alegría y abracen la
intensidad de nuestra profesión médica.
Finalmente,
no olvidemos lo que enfrentamos el 11 de septiembre
pasado y
como dijo el presidente Bush:
"Los ataques terroristas pueden hacer temblar los
cimientos de nuestros
edificios más grandes, pero no pueden tocar el
cimiento de los Estados
Unidos. Estos actos pueden despedazar el acero, pero
no pueden abollar el
acero de la determinación estadounidense."
Colegas,
en el terrorismo como en la medicina, cada uno de nosotros
tiene un
papel que desempeñar. Como dijo Alberto Einstein:
"El
mundo es un lugar peligroso para vivir, no sólo
por la gente malévola
sino por la gente que no hace nada al respecto".
Acuérdense,
estos son tiempos de reto para los Estados Unidos. Pero
no cabe
duda para mí que los médicos tenemos un
papel que desempeñar y
prevaleceremos.
Como
dijo el presidente:
"No vacilaremos. No nos cansaremos. No tropezaremos.
Y no fallaremos".
Ahí
lo tienen. La lista de los cinco principales retos de
su ex Cirujana
General. Una lista de metas pero de la variedad más
saludable.
El
camino será duro pero cuando veo a la Generación
de 2002, me siento
alentada.
Sentados
frente a mí, veo a nuestra nueva generación
de médicos,
investigadores y, quizá, el próximo Cirujano
General o Comisionado de Salud.
Creo
que están listos para enfrentar estos retos y
todos los demás que les
esperan.
Pero
para enfrentar efectivamente los cinco retos que les
describí, deben
aprender a trabajar efectivamente con otros miembros
del equipo de atención
a la salud, porque en el mundo de atención médica
que ustedes heredan, ya no
serán los propietarios únicos del estado
de salud de los Estados Unidos.
Necesitamos
médicos de atención primaria, especialistas,
investigadores,
educadores, expertos en salud pública, y sí,
hasta abogados, todos
trabajando juntos para prestar la mejor atención
a la salud como la piedra
angular de nuestra profesión. No sólo
debemos colaborar sino también
cooperar porque se mejora la atención médica
cuando trabajamos en equipo.
Ustedes
también deben aprender a comunicarse eficazmente
porque serán
educadores en su comunidad. Así que hablen fuerte
y escuchen bien. Créanme,
entrarán en la vida de sus pacientes de una manera
más significativa al
escucharlos en vez de hablarles.
Colegas,
antes de terminar quisiera rendir homenaje especial
a sus padres y
familias.
En
las prisas de asegurar su internado, los exámenes
finales, cambiar de
departamento y, cómo no, las rondas interminables
de celebración con sus
amigos, acuérdense de que hoy también
es el día de sus padres y familia.
Aunque
no se puede saber cómo es amar a un hijo como
los hacen los padres
hasta que ustedes mismos lleguen a ser padres, espero
que encuentren un
momento especial hoy para expresarles su gratitud y
cariño.
No
hay manera de evadir su responsabilidad de devolverles
algo a sus padres,
su comunidad, sus profesores y todos que lo hicieron
posible que ustedes
estuvieran aquí hoy.
Hoy
me distingue el honor de felicitar, aconsejar y retarlos.
Lo demás les
toca a ustedes.
Tomen
este día y todos los demás que siguen
para mantener en alto el nombre de
su alma mater, dar alegría a su familia y amigos,
consolar a sus pacientes y
sentir ustedes la verdadera alegría de vivir.
Sobre
todo, ruego a Dios que no pierdan el sentido de quiénes
son realmente,
dónde están sus raíces, de dónde
vienen, y quiénes les ayudaron a llegar a
donde están.
Más
importante, no olviden el impacto de esta gran institución
en moldear su
vida y futuro profesional.
Generación
de 2002 de la Autónoma de Guadalajara - piensen
con claridad, actúen con decisión y quieran
con ternura.
Porque
sin conocimiento no hay futuro, y sin cariño
no hay esperanza.
El
gran historiador del holocausto, Yehuda Bauer, lo expresó
mejor; "No seas
víctima. No seas perpetrador. Pero sobre todo,
no seas espectador".
Gracias
y que Dios les bendiga.