Historia
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| Portada
de un ejemplar del periódico <<Lucha>>
de 1939 consultado para este trabajo. |
Reabierta
la Universidad fue designado rector el Dr. Manuel R. Alatorre
y el 26 de febrero se firmó la nueva Ley Orgánica
con base en los acuerdos de noviembre. La representación
estudiantil fungió, como estaba previsto, con delegados
de las diferentes escuelas y facultades.
El
afianzamiento de la acción estudiantil iba en aumento sintiéndose
la necesidad de una reagrupación definitiva en un organismo
que sustituyera a la antigua Federación de Estudiantes
Universitarios de Jalisco que pereció con la antigua universidad,
luego de haber perecido moralmente por su alianza con el antiguo
rector.
Fue
así como el 15 de marzo de 1934 se congregaron los delegados
elegidos por las diferentes sociedades de alumnos, con excepción
de la Preparatoria de Varones y eligieron una mesa directiva presidida
por Carlos Cuesta Gallardo, Angel y Antonio Leaño Alvarez
del Casillo, Antonio Pérez, Daniel Salazar Hurtado, Joaquín
Aceves, Porfirio Barba y Francisco López González
en los cargos de mayor responsabilidad. Esta elección fue
determinante en la secuencia de las acciones universitarias y
políticas de los meses siguientes que condujeron a la creación
de la Universidad Autónoma de Occidente, llamada más
tarde de Guadalajara.
La
Federación asumió su tarea con la mayor seriedad
y espíritu de servicio. Se apoyó el mejoramiento
de las escuelas en cuanto a profesorado y obtención de
materiales para el mejor aprendizaje, gestión de becas
y abierto apoyo a los estudiantes más pobres. Su cohesión
quedó demostrada por hechos posteriores.
Por
su conexión permanente con la UNAM los líderes estudiantiles
se encontraban al día de las deliberaciones en el Congreso
de la Unión sobre la reforma al artículo 3º.
ya relatadas y el 10 de agosto, en reunión del pleno universitario,
Cuesta Gallardo informó que era tiempo de que la FEJ asumiera
su posición ante el inminente cambio legal que les afectaría
directamente, así como a toda la niñez y juventud
de Jalisco.
Tomaron
la palabra delegados de todas las escuelas y fue unánime
el acuerdo de solidarizarse con la posición de la Universidad
Nacional Autónoma de México, apoyada por la Confederación
Nacional de Estudiantes, en el sentido de rechazar cualquier imposición
educativa que fuera en contra de la autonomía universitaria
y libre cátedra. Esto ocurría 24 días después
de que Calles había exigido desde Guadalajara el control
de la niñez por el Estado.
Y
el 13 de agosto, en nueva reunión plenaria de la FEJ, se
aborda directamente la repercusión en Jalisco de la educación
socialista y se adoptan las siguientes conclusiones:
"Primera.-
No aceptamos de ninguna manera la reforma socialista como tampoco
aceptaremos ninguna otra que pretenda hacerse con tal carácter
de imposición.
Segunda.-
Consideramos que debe defenderse la libertad de enseñanza
como condición indispensable para llegar al conocimiento
de la verdad. Toda actitud que a esto tienda, será viril
en cuanto implique una resistencia a la opresión.
Tercera.-
Consideramos inconveniente la imposición de la enseñanza
socialista en las escuelas universitarias y en la primaria.
Cuarta.-
Si contra toda lealtad y justicia se impone la referida reforma,
lucharemos por cuantos medios estén a nuestro alcance por
sostener nuestra preciada libertad.
El
Presidente, Carlos Cuesta Gallardo. El Secretario, Guillermo Martínez
A.- La Comisión: Jaime Robles Martín del Campo,
Daniel Salazar Hurtado y Antonio Pérez y Pérez.
La
FEUJ no era la única agrupación estudiantil que
rechazaba en la República el socialismo en la educación.
Lo mismo ocurría con los universitarios de la capital,
de Durango, de San Luis Potosí, de Tampico, de Zacatecas,
de Monterrey, de Puebla, de Toluca, etcétera, quienes también
luchaban por la defensa de sus casas de estudios contra la imposición
del dogma marxista, convirtiéndose así este movimiento
en un conflicto estudiantil nacional.
"Además,
todas las organizaciones magisteriales (de primaria y secundaria)",
informó la prensa, "abogan porque se conserve el laicismo
en la educación y no el socialismo, pidiendo a los diputados
los escucharan antes del dictamen".
Al
gremio estudiantil lo apoyaban públicamente asociaciones
de padres de familia, organizaciones obreras y campesinas, la
intelectualidad mexicana y algunos valientes militares y funcionarios
públicos más leales a la cultura y a la patria que
a sus compromisos políticos.
Tal
es el caso del General Saturnino Cedillo quien declaró
"... para investigar la verdad, necesario es que las Universidades
del país sean autónomas, ya que el pensamiento humano
sólo puede desarrollarse en un ambiente de libertad".
Ante tan alentadoras palabras, la FEUJ envió al General
Cedillo un telegrama en el que lo felicitaba por esas declaraciones
que animaron sobremanera a los tapatíos, en su lucha por
la libertad de cátedra.
Desde
esa fecha la acción estudiantil se concentró en
la cuestión medular: la oposición a que se hiciera
efectivo el nuevo mandato constitucional de que toda la educación
impartida por el Estado habría de ser "socialista",
puesto que ellos no aceptaban otra universidad que la regida por
los principios de autonomía y libertad de cátedra.
Convicción que se reafirmó cuando el 15 de octubre
el gobernador Allende expresó a una comisión estudiantil
su propósito de sustituir la Universidad de Guadalajara
por un Instituto Socialista de Altos Estudios (ISAE), ratificándolo
tres días después en un boletín de prensa
que informó sobre su iniciativa de ley al respecto.
El
artículo segundo de ese proyecto, obviamente aprobado por
una diputación incondicional, decía: "Se faculta
al Ejecutivo para que cuando lo estime conveniente proceda a organizar
la Educación Socialista Superior que estará bajo
su dependencia y para que expida la Ley Orgánica y el Reglamento
de la misma".
Había
llegado el momento decisivo de agachar la cabeza dentro de una
universidad socialista o impedir su implantación, como
había ya ocurrido en la Universidad Nacional Autónoma
de México. No se contemplaba otra alternativa.
El
respaldo de personajes socialistas a la marxistización
de la enseñanza pública alentó al gobierno
a presentarla como un gran logro de la Revolución, lo que
se proclamó en escuelas, sindicatos, organizaciones cívicas
y demás espacios controlados por la extrema izquierda,
al tiempo que se convocaba a una gran manifestación de
solidaridad socialista para el 20 de noviembre. La causa legal
quedó perdida: A partir del 1º. de diciembre la enseñanza
socialista fue obligatoria como preámbulo del plan cardenista
de convertir a México en el primer satélite del
imperialismo soviético, lo que por supuesto callaban las
cúpulas del poder.
En
enero de 1935 la FEJ volvió a la carga con un rival más
en su terreno: el recientemente creado Frente de Estudiantes Socialistas
de Occidente (FESO) organizado por José Guadalupe Zuno
e Ignacio Jacobo para dar respaldo, al reabrirse la universidad,
a las autoridades que habrían de cumplir con el mandato
de aplicar la filosofía marxista a toda la enseñanza
superior.
El
13 de enero convocó la FEJ a una asamblea que congregó
a 300 representantes de las escuelas que dejaron redactados los
siguientes acuerdos:
- Propugnar
por la apertura de la universidad rechazando el dogma socialista.
- Protestar
por la pretendida supresión de las Facultades de Jurisprudencia
e Ingeniería.
- Pedir
al presidente de la República la renuncia de Tomás
Garrido Canabal por los atentados sangrientos de sus "Camisas
Rojas".
- Las
alumnas de la Escuela Normal, que continuaba abierta, se adhirieron
a la FEJ y declararon la huelga como rechazo a la nueva norma
de enseñanza, dirigidas por María Luisa Vargas,
María Salazar y varias más de extrema valentía.
El
23 de febrero se expidió la muy estudiada Ley Orgánica
de la Educación Superior del Estado de Jalisco cuyo texto
evadió el término "socialista" o algún
sinónimo explícito, pero que no dejó ninguna
duda sobre su mandato cuando dice, en el inciso II del artículo
1º. que se "impartirá la educación superior
profesional y técnica de acuerdo con la ideología
sustentada en el artículo 3º. de la Constitución...".
Entre los requisitos para ocupar alguna dirección se establecía
(artículo 6º.) "Tener antecedentes científicos
y reconocida ideología socialista, así como haber
realizado alguna obra en favor del proletariado".
"Sólo
después de verla -escribió dos años más
tarde el líder estudiantil Antonio Leaño, cofundador
y actual rector de la UAG- podrá comprenderse por qué
la juventud tapatía prefirió ir hasta la muerte
antes de aceptar las disposiciones arbitrarias que se dictaron.
Sólo entonces se entenderá que la dignidad humana
deberá rebelarse ante la natural represión de la
libertad, ante una total negación de la cultura y de la
ciencia".
Desde
ese día fueron diarias las manifestaciones antigubernamentales
que clamaban por la autonomía y libertad de cátedra
y rechazaban el socialismo. El martes 26 de febrero una muchedumbre
recorrió calles céntricas y se acercó a Palacio
de Gobierno, donde una comisión de la FEJ entregó
al gobernador un pliego de peticiones que había sugerido
la subsecretaría de gobierno. Su contenido fue el alegato
jurídico más contundente que se hubiere jamás
escrito en defensa de los principios de autonomía y libertad
de cátedra y la denuncia de la Ley Orgánica de Estudios
Superiores como explícitamente contraria a las garantías
constitucionales de libertad de creencia, libertad de asociación,
libertad de conciencia y libertad de expresión. Pidió
la derogación de esa Ley, la independencia universitaria
ya vigente en otros estados de la República y la constitución
por el Estado de un patrimonio para construir la Casa del Estudiante
y facilitar a hijos de obreros y campesinos las vías de
acceso al estudio profesional. Su argumentación fustigó
por igual al totalitarismo socialista y al imperialismo de Wall
Street y acusó de traición a la Revolución,
por la conducta despótica y corrupta de los gobernantes,
con frases como "ahora que ya esclavizasteis todas las actividades
y actos del orden material queréis completar vuestra obra
esclavizando la conciencia y encadenando el alma de nuestro pueblo,
única forma en que creéis poder conservar vuestra
condición de casta privilegiada...". Decenas de miles
de personas, desde la Plaza de Armas, se solidarizaron a gritos
con esas afirmaciones y otras similares suscritas por Carlos Cuesta
Gallardo.
El
miércoles 27 una nueva manifestación se acercó
a Palacio para respaldar la entrega del pliego de peticiones concretas
pedido por el gobernador, pero a su llegada salieron de Palacio
de Gobierno fuerzas de choque al mando del presidente de la Cámara
de Diputados, identificadas como "camisas rojas", que
dispersaron la manifestación a garrotazos y disparos a
quemarropa. Hubo varios heridos de gravedad. La envió una
enérgica protesta a la presidencia de la República
y a las máximas autoridades federales y universitarias.
Llegó
así el domingo 3 de marzo de 1935 que habría de
ser lo mismo fecha de ignominia para el gobierno como de heroísmo
y esperanza para la juventud devota de la libertad.
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| Estudiantes
de Derecho agitan banderas en su escuela de la avenida
16 de Septiembre y Libertad asediada por grupos hostiles. |
Dos
días antes, Everardo Topete había asumido la gubernatura
del Estado pero no era ajeno a la causa del conflicto porque había
participado de algunas de las comisiones redactoras de las leyes
universitarias. En su programa de gobierno ratificó que
la "reorganización universitaria responderá
al movimiento espiritual (sic) iniciado en el país con
la reforma del artículo 3º. constitucional... y el
espíritu de servir a la comunidad en la lucha de clases
por la coordinación de los intereses materiales e intelectuales
que habrán de fundirse en el solo interés superior
de la igualdad de condición social". Es decir, comunismo
alambicado. Agregó que "mi gobierno iniciará
una intensa campaña de divulgación de las doctrinas
socialistas por medio del Instituto de Orientación Social...".
Todo el estudiantado y la sociedad civil de Guadalajara fueron
convocados al mitin celebrado en la plazuela de la Universidad
la mañana del 3 de marzo. Hablaron con gran elocuencia
los estudiantes María Luisa Vargas, José de la Peña,
Angel Leaño y Carlos Cuesta Gallardo, además del
obrero José Macías, interrumpidos constantemente
con gritos condenatorios del socialismo y de la represión
gubernamental. Al concluir el mitin una imponente marcha recorrió
varias calles dirigiéndose al Palacio de Gobierno de donde
salieron, igual que del Palacio Municipal, descargas de metralla
directamente contra la multitud compuesta por personas de todas
las clases sociales y todas las edades. "La confusión
-narró Antonio Leaño poco después- sembrada
por las balas y los golpes que se repartían sin compasión,
fue enorme, lo que no impidió rasgos épicos de jóvenes
y ancianos, de damas y niños, que impresionaban a aquellos
criminales. Para ejemplo uno que recogerá la historia:
José López, después de luchar denodadamente
armado con una tabla y cercado ya por sus victimarios, se arrancó
la camisa con ambas manos, señalándose el pecho
y exclamando ¡Mátenme!
Una descarga cerrada arrancó la vida de este héroe".
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| El
profesionista licenciado Salvador Torres González,
el obrero José López y el campesino Crescenciano
Núñez fueron acribillados a balazos cuando
pedían autonomía universitaria y libre cátedra. |
Cayeron
muertos, igualmente, el abogado Salvador Torres González
y el campesino Crescenciano Núñez que desde Tlaquepaque
acudió a la manifestación. La Sección Médica
Municipal registró diecisiete heridos de gravedad y otros
cuarenta y nueve fueron registrados en sus hogares al negarse
a recibir atención de los servicios públicos. Los
golpeados y heridos leves fueron centenares.
Tal fue la respuesta de Everardo Topete a los pliegos universitarios
que pedían autonomía y libertad de cátedra...
Eran los signos de los nuevos tiempos del México cardenista.
La
Federación de Estudiantes de Jalisco publicó al
día siguiente un comunicado que decía: "Como
representante único y genuino de la clase estudiantil en
Jalisco la FEJ reprueba enérgicamente la matanza consumada
por políticos y polizontes de la localidad, en las personas
de los manifestantes indefensos y desarmados, en gran parte mujeres,
que desfilaban ordenada y pacíficamente por las calles
de nuestra ciudad". Invitaron a toda la ciudad al sepelio
de los muertos reuniéndose una multitud mayor a los días
anteriores. Luego pidieron al gobernador: La inmediata solución
del conflicto estudiantil de autonomía y libre cátedra,
conforme al pliego de peticiones; la destitución del Procurador
de Justicia y Jefes policiacos responsables de la matanza; libertad
de manifestaciones y la liberación de los estudiantes y
partidarios presos.
En
los días sucesivos el gobernador Topete acusó a
los manifestantes de "fanáticos" y "provocadores"
pero moderó su actitud al recibir una avalancha de mensajes
de condena de todo el país y del extranjero por la brutalidad
con que actuó, incluida la presidencia de la República
que llegó a ser señalada como cómplice del
crimen gubernamental. Ello, sin embargo, no le movió un
ápice de su posición de que Jalisco se orientaría
por la enseñanza de la doctrina socialista marxista y en
ese sentido fue su respuesta a la FEJ escudándose en el
precepto constitucional alterado. Precisó que la autonomía
era "germen de agitación y de política estudiantil
contra las instituciones revolucionarias" y que "los
ensayos habidos -como en la UNAM- no demuestran todavía
ninguna ventaja en relación con nuestros antecedentes en
materia educativa", por lo que seguirán "combatiendo
sus errores".
Más
claro no pudo haber sido. Hasta el precio de la sangre, la FEJ
había agotado todas las posibilidades de impedir la imposición
del dogmatismo materialista en la educación jalisciense
y seguirían adelante contra cualquier corriente adversa,
por lo que volvieron a la carga con una respuesta al documento
que el gobernador Topete había juzgado sería su
última palabra y que, por cierto, antes de enviar a la
FEJ hizo publicar en la prensa. En esa respuesta los estudiantes
cuestionaron que el artículo 3º. constitucional no
implicaba que la enseñanza universitaria debería
ser rigurosamente socialista, sino que dejaba margen a que lo
pidieran los mismos estudiantes y la sociedad civil; hecho demostrado
con la autonomía vigente en la Universidad Nacional y en
otros estados, "por lo que el fanatismo y la intransigencia
procedían del propio gobierno estatal". Concluían
corroborando su permanente decisión de "luchar por
tener libertad para pensar, sólo garantizada por una universidad
en que haya Libertad de Cátedra y no en una Escuela Socialista".
Otras
comunicaciones similares se entrecruzaron en los días siguientes
FEJ y Gobierno sin que ninguno se moviera de su posición,
mientras que en el estudiantado cundía la inquietud porque
no se reanudaban las clases. El vacío producido por la
polarización de posiciones inspiró a los jóvenes
líderes una alternativa no contemplada: fundar una Universidad
totalmente autónoma pidiendo al Estado patrimonio suficiente
para su sostenimiento, a la vez que daban pasos para abrir facultades
autónomas de Jurisprudencia y de Ingeniería.
Gestiones
presidenciales promovieron entonces una reunión cupular
privada en Palacio de Gobierno a la que asistieron el gobernador
Topete, el Secretario General Ignacio Jacobo y por la FEJ Carlos
Cuesta Gallardo, Angel y Antonio Leaño Alvarez del Castillo,
Jesús García Flores y varios más. El gobernador
tenía órdenes de solucionar el conflicto a como
diera lugar. Los estudiantes pidieron la reapertura de la Universidad
con mando de un Consejo integrado por profesores y alumnos y ajena
a la enseñanza socialista, que les negaron de manera radical.
Pidieron luego la división del patrimonio universitario
constituido por edificios, laboratorios, bibliotecas y presupuesto
y una autorización para abrir una nueva universidad que
se llamaría Universidad Autónoma de Occidente, con
libertad para que cada estudiante se inscribiera en ella o en
los Institutos Socialistas, lo que significaría el retorno
a la paz. Los líderes de la FEJ convencieron al gobernador
Topete de las ventajas de esta solución intermedia y ordenó
al Secretario de Gobierno, Jacobo, que redactara una reforma de
ley en esas condiciones, pero el aludido, según testigos,
dijo: ¡No señor gobernador, no puedo hacer eso porque
sería entregar la universidad a la reacción! ¡Antes
renuncio!, con lo que Topete retrocedió a su postura original
y preguntó a los jóvenes ¿Aceptan ustedes
hacer una universidad sin que el gobierno les dé nunca
ningún patrimonio ni ningún subsidio?... Consultaron
entre sí por algunos minutos y respondieron: ¡Aceptamos!...
En ese momento nació lo que hoy se llama Universidad Autónoma
de Guadalajara.
Para
más información visite la página de la Reseña
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