En memoria de mis abuelos. Por Eduardo Pérez Gorostieta. Ahora, a 75 años de distancia de la muerte del General Enrique Gorostieta, quiero escribir algo de la parte de la historia que no ha sido escrita, de la parte que ha estado silenciada. Me refiero a la figura del General como hombre; como persona con convicciones y creencias; como hombre con sentimientos, como hombre con debilidades y con flaquezas. Creo, que sin restarle validez a todos los documentos históricos y narraciones que a este respecto se han estudiado, la última carta del general nos pueda dar luz respecto a su persona . El motivo que me induce a escribir estas notas, es que creo que llegó el momento de utilizar el derecho de replica que la familia no ha ejercido en estos 75 años. Pero quiero aclarar que es una replica a la Historia, pues mucha de la literatura existente relativa al General, parte de elementos del discurso y archivos oficiales del Estado, los cuales lo mismo inventan, que contienen elementos difamatorios. Hacer pues esta replica, me parece de elemental justicia, no sólo al General, sino a todos los que con él murieron. La última carta del General Gorostieta es dirigida a ciertos prelados con motivo de los "arreglos" que, sin tomar absolutamente en cuenta a los verdaderos combatientes, estaban llevando a cabo con el gobierno, es el único documento público escrito por él sin intervención de terceras persona, y en el cual se demuestra sin necesidad de interpretaciones, su posición en el conflicto y sus ideas personales acerca de la índole de lucha, de la jerarquía eclesiástica, de la Liga, y de las personas que con él combatieron. Ningún escrito acerca del General estará completo sin el documento mas importante y el último que escribió en su vida. Este documento esta fechado el 16 de mayo de 1929 en El Triunfo Jalisco. En esa carta el General señalaba al final de la misma:
.Han transcurrido 75 años de que terminó el conflicto, y después de haber sido testigo de la evolución de las libertades que en materia de culto y de profesión de fé se han dado en el país, no podemos más que pensar, que efectivamente el movimiento popular triunfó, pues hoy podemos profesar la religión que deseemos y celebrar nuestras misas, dentro de iglesias, en las plazas y sobre calles. Y aclaró que esta última palabra la he escrito con minúscula, para no manchar de sangre este escrito.- ¡Jamás se escriba en horas de dolor!- decía José Martí,- porque de la pluma brotará sangre.- Por ello, la familia del General ha dejado pasar tanto tiempo. Para que curados los agravios y rencores, se emitieran juicios serenos. Para no confundir al lector respecto al texto del que hace alusión el primer párrafo de este escrito, quiero señalar que cuando me refiero a la última carta del General Enrique Gorostieta, me estoy refiriendo a la carta que mi abuelo Enrique envió a mi abuela Gertrudis ( Tula); carta que esta fechada el 17 de mayo (un día después de la carta a los prelados) y que contiene una posdata de envío de 30 de mayo ( 3 días antes de su muerte). Como ya se dijo la carta consta de seis párrafos y una posdata de envío. Esta es una de 22 cartas que el General envió a su esposa entre 1927 y 1929, y que están en manos de mi madre, a quien agradezco que me haya autorizado citar parte del contenido de la última carta escrita por mi abuelo. La carta tal vez fue leída por mi abuela Tula después de conocer la noticia de la muerte de su esposo, pues habiendo sido enviada el 30 de mayo como señala la posdata "No habiendo tenido manera de mandarte ésta hasta hoy 30 de Mayo, te participo ..."; es difícil que hubiera llegado más rápido que las noticias del fallecimiento de mi abuelo. En cualquier caso, esta carta debió haber tenido para mi abuela una connotación de despedida, sin haber sido está la intención inicial del abuelo. Si queremos entender al General, adentrémonos en lo real del movimiento, en su cotidianidad para así tal vez trascender la lucha y así encontrar los motivos de su vitalidad.
Volvamos a la vida real, si observamos con sinceridad, podremos tal vez encontrar entendimiento y comprensión a lo que el General estaba viviendo y sufriendo, como se puede notar en el siguiente párrafo :
Mas tarde en la postdata incluía:
Dejemos de lado el archivo oficial, que el gobierno creó y guardó. Adentrémonos a la naturaleza humana. Observemos la vida de la época y el contexto revolucionario del México de 1929. Nuestros gobiernos no siempre han jugado limpio, y esa época no era la excepción. El General continuaba la carta diciendo :
Para quienes todavía pudieran tener duda de la naturaleza humana del General y de sus sentimientos humanos, ofrezco el siguiente párrafo, esperando no haber faltado a la promesa que hice a mi madre de no incluir párrafos con connotaciones íntimas, pero creo, que si hemos de entender cabalmente al General, al hombre de carne y hueso, estas palabras pueden dar luz sobre su ser.
Dejemos atrás las ideologías y los intereses, para así tal vez encontrar tranquilidad, sabiendo que estamos en presencia de actos propios de la naturaleza humana y propios de quienes sienten sus libertades amenazadas. Que estamos ante convicciones que solo los que las han tenido pueden entender, como la de emprender una lucha en la que se ha de entregar la vida. La vida no se da por pesos oro, la vida se da por lo que se cree.
Solo dejando de lado los intereses oficialistas al narrar la historia, se puede aspirar a ver el movimiento cristero sin prejuicios sectarios, para poder ver los resultados y las realidades del mismo.
Cuando veo la trascendencia del movimiento 75 años después, y las manifestaciones de recuerdo y gratitud , que para mi madre tienen todos los lugareños de Los Altos Jalisco: quienes año con año realizan una cabalgata en honor del General Enrique Gorostieta; no puedo mas que estar seguro que efectivamente logró un nombre para sus hijos. Y que logró algo mas: logró junto con todos los cristeros defender sus ideales. La vida da oportunidades y esta es una de ellas. Quiero agradecerle a la Historia, esta oportunidad de replica, para ofrecer una visión de un hombre, al que nada humano le era ajeno y al que Dios ubicó a combatir en la mejor trinchera y la batalla mas justa. La Historia así lo demostró. Eduardo
Pérez Gorostieta |
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