Febrero 2001

No. 4

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA
Y LA MEDICINA EUROPEA II

CONTINUACIÓN

PLANTAS DESPLAZADAS POR OTRAS MÁS EFECTIVAS

Las más representativas y famosas de estas plantas son el tabaco, el cacao y el chicle.

Es un grupo de plantas cuya finalidad inicial fue medicinal y con el tiempo varió la finalidad de su empleo.

El tabaco.- Pocas cosas son tan populares actualmente como el tabaco, que se fuma en cigarrillos, puros y en pipa. En el pasado se tomó como rapé, en infusiones o se masticaba en tabletas.

Los aztecas lo fumaban, lo usaban en forma de rapé y lo aplicaban como apósitos y pomadas.

La planta pudo ser originalmente maya, ya que la voz maya, xigar, que significa aspirar el humo del tabaco se transformó en el español cigarro, cigar en inglés, cigare en francés, zigarre en alemán, sigaro en italiano; etcétera.

Aunque ya los marinos de Colón se dieron cuenta del uso del tabaco por los antillanos, su uso se difundió en Europa hasta el año de 1560, Juan Nicot, embajador de Francia en Portugal, sembró el tabaco en Francia para usar sus flores en las solapas de sacos, dándose cuenta posteriormente de su empleo. Por tal causa el tabaco fue conocido inicialmente en Europa como “La hierba del embajador”, y más tarde bautizada por el Duque de Guisa como “nicotina”; aunque, finalmente, prevaleció su nombre de tabaco que le dieron los primeros exploradores por haberla recogido de la isla de Tobago. El tabaco encontró uso medicinal por aumentar la secreción de saliva, lo que expulsa los humores excesivos y ayuda por lo tanto en casos de viruela, fiebre intermitente, escorbuto, sífilis, cataratas y dolores de muelas, según la clásica teoría de los hombres hipocráticos.

Así Linneo cita a Hoffvenius, expresando que tres cosas lo habían mantenido en salud: fumar, las sangrías y tener una esposa guapa.

Algunos de los apetecibles alimentos empleados hoy en día, fueron utilizados como producto medicinal; pero el cacao, perteneciente a este grupo, es una planta cuya semilla fue, además, empleada como moneda. Los aztecas lo llamaban cacaoquahuitl y era preparada con ella una bebida destinada a la divinidad, por eso Linneo le dio el nombre de thecobroma, o alimento de dioses, esa bebida era el chacolatl, que ya Cortés en una de sus cartas a Carlos V menciona como una de las cosas más valiosas encontradas en el Imperio Mexicano, y los nobles de la Corte Española lo empezaron a tomar en 1528 con fines fortificantes.

A pesar de alguna oposición del clero, que creía que el chocolate daba vigor en exceso, su uso pasó de la Corte Española a la Francesa y de allí a la Austriaca, donde la Emperatriz María Teresa lo puso de moda. En el paso por las cortes a la bebida original se le agregó azúcar y canela.

La difusión del producto, que estuvo por mucho tiempo limitado a los nobles, se logró en 1728 cuando el rey Felipe V vendió a una compañía extranjera los derechos de traficar con el producto.

Cacao y chocolate son plantas y bebidas de origen Maya; aunque los nombres sean nahoas, ya que estos últimos los adoptaron como alimento y moneda. A principios del Siglo XIX, Van Houten, un holandés, descubrió un método para extraer la grasa del cacao, dejando intacto su principio activo, la teobromina, empleada aun como diurético

La tradicional costumbre indígena de masticar la savia endurecida del zapote blanco, el tzitli, que fue adoptada en el mundo entero por obra y gracia de tres norteamericanos: Tomás Adams, Juan Colgan y Guillermo Wrigley.

Se buscó inicialmente y se difundió el chicle como práctica para la higiene dental, como sialogogo y para fortalecer las encías y los maxilares. Aunque el chicle se consume en todo el mundo la provisión se hace en el Sureste mexicano; aunque tuvo tanto éxito en Estados Unidos que el masticar chicle, junto con la zarzaparrilla, han pasado a ser símbolo de costumbres yanquis.

En 1869, Tomás Adams, que andaba experimentando en la vulcanización de otra goma mexicana, el hule y el guayule, entró a una farmacia en Nueva Yersey y oyó a una niña que pedía “parafina para masticar”, con lo que recordó haber visto a don Antonio López de Santana, a la sazón exiliado en Estados Unidos, sacar una pasta de chicle del bolsillo y cortar un trozo para masticar el llamado por nosotros “chicle de Talpa”. Regresó Adams a su casa y preparó chicle en bolitas, que vendió en la botica con la leyenda: “Goma Adams de Nueva York elástica y masticatoria”.

Juan Colgan, de Nueva York, le agregó balsamo de Tolú al chicle para darle sabor y lo vendió como Tafy-tolú o melcocha de Tolú. En 1880 se le agregó sabor de menta y el mejor vendedor y publicista de la época, Wrigley, lo introdujo en el resto del mundo.

En el otro grupo restante, también como en éste, hablaremos sólo de algunas plantas medicinales, las más representativas exclusivamente.

PLANTAS MEDICINALES QUE CONSERVAN SU VIGENCIA

En este grupo podemos incluir la quina, las plantas psicomiméticas, la papaya, la piña, así como la cabeza de negro o barbasco y la coca.

LA QUINA.- En Lima, la capital del Perú, al final de la década de 1620, era el Virrey Don Jerónimo Fernández de Cabrera Bobadilla Cerda y Mendoza, Conde de Chinchón, su esposa, la Condesa Ana, enfermó gravemente de unas fiebres terciarias, ante las que los médicos españoles se declararon impotentes; cuando el Corregidor de Loja, Don Juan López de Cañozares lo supo, se dirigió a la capital del Virreinato llevando un medicamento maravilloso consistente en la corteza de cierto árbol con el cual los indios curaban los padecimientos febriles. Previa-mente comprobado el efecto en algunos pacientes pobres, se administró a la Virreina con felicísimos resultados.

El medicamento fue llevado a España en la década de 1630 por los Jesuitas, que recibieron el encargo de los condes de Chinchón, por lo que se difundió la quina con el nombre de Polvo de los Jesuitas. Los indios lo llamaban quinquina.
La importancia de la quina no reside en lo novelesco de la trama de su introducción en Europa, o por haber sido un medicamento efectivo contra el paludismo, sino porque a la medicina de la época la dividió en dos bloques, uno, de médicos prácticos, que aceptaron la quina, porque curaba las fiebres intermitentes en un tiempo sorpren-dentemente corto. El otro grupo, encabezado por la Facultad de Medicina de París, declaraba la quina como un medicamento peligroso, porque efectivamente suprimía la fiebre, pero no producía evacuación de materia patológica alguna como sudor, vómitos o diarrea.

En realidad lo que se versaba en el asunto era la verdad de la teoría humoral vigente desde Hipócrates y Galeno; así Bernardino Ramazzini declaró que la quina estaba a punto de revolucionar la medicina en la misma medida que la pólvora revolucionó el arte de la guerra, y efectivamente, las filas del galenismo, que estaban en decadencia, recibieron en términos taurinos “la puntilla” a manos de la quina.

DROGAS PSICOMIMÉTICAS.- Los aborígenes americanos cono-cieron una gran variedad de plantas psicomiméticas o ilu-sógenas que poseen la facultad de producir estados alucinantes, alteración de las sensaciones y cambios de la personalidad.

Los brujos y hechiceros las empleaban para entrar en trance y así llegar al diagnóstico y pronóstico de las enfermedades.

Los indígenas sudamericanos empleaban las semillas de piptademia, conocida, según las zonas, como cohoba, kurupá, pericá o cevil. Las semillas tostadas se aspiraban en forma de polvo de rapé, por la nariz.

Los araucanos e incas empleaban con el mismo fin las plantas de la familia de las Daturas, entre las que se encuentran el chamico, con una poderosa acción narcótica y analgésica. Rosales decía del chamico: “Los delincuentes, si beben las semillas cocidas en vino, no sienten dolor alguno, por más que les aprieten los cordeles”.

En algunas regiones de nuestro país grupos indígenas usan aún el toloache, los hongos teonanacatl y el peyote.

Sin duda el más importante de todos es el peyote que ya los primeros cronistas describen como una raíz diabólica y el P. Alergui dice: “La raíz que más veneran es una llamada peyote, la cual muelen y beben en todas las enfermedades, y no fuera tan malo, si no abusaran de sus virtudes; porque para tener conocimiento del futuro... la beben deshecha en agua y les da una embriaguez con resabios de locura... y todas las imaginaciones fantásticas”.

El uso de esta droga continúa hasta nuestros días entre los coras y huicholes, especialmente estos últimos, y desde fines del siglo pasado se ha extendido a las praderas norteamericanas, bajo la forma de un movimiento religioso.

La mezcalina, el principio activo de este cacto (el mezcal) vuelve a ocupar en la actualidad un lugar destacado en el mundo; aunque desgraciadamente no por sus efectos beneficiosos, sino por lo que ya decía el p. Alergui: por “los resabios de locura que produce”.

CABEZA DE NEGRO Y BARBASCO.- Son plantas tropicales, silvestres en Veracruz, Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

La raíz de estas plantas contiene una substancia (disgenina), con una estructura química parecida a las hormonas esteroideas humanas.

Quien lo descubrió fue Russel Marker en 1940, quien posteriormente descubrió la manera de transformar la disgenina en progesterona. Marker inició en México la explotación industrial de la cabeza de negro y del barbasco.

En 1949 se reconocieron las altas propiedades antirreu-máticas de la cortisona, con lo que el tratamiento de la artritis dio un impulso inusitado a la industria derivada de estas plantas, que se refuerza ahora por su empleo en la elaboración de pastillas anticonceptivas.

El Barbasco mexicano es por el momento el origen del 75 por ciento de las hormonas que se consumen en el mundo.

PAPAYA Y PIÑA.- La papaya y la piña son frutos de toda América. Se cuenta que desde los primeros años de la Conquista llevaron unas piñas a Carlos V, quien las alabó como frutas muy hermosas, pero no las quiso comer.

La papaína posee una enzima. La papaína, junto con la misma enzima se encuentra en la piña y ambas son las únicas enzimas que actualmente se han podido aislar de fuentes vegetales.

La papaína es un poderoso antiinflamatorio, empleado para la reabsorción de los edemas y sangre estravasada de trau-matismos. Se le llama también pepsina o pancreatina vegetal por sus altas propiedades digestivas, por lo que es empleada como medicamento contra la dispepsia, y de ella se obtiene la sal que puesta a las carnes antes de cocerlas las torna muy blandas y jugosas.

Los nahoas ya usaban ambos frutos, la papaya y la piña, como nosotros; pero además, las flores eran usadas para combatir la bron-quitis y la tos; la savia contra la anquilostomiasis, y como antihelmíntico en general, y las raíces contra la hemoturia de origen nefrítico. El cocimiento de semillas secas tiene poder de expulsar a los elmintos o solitarias.

Contiene la papaya un alcaloide, la carpaína, que provoca paro cardíaco o disminución de los latidos cardíacos, según la dosis.

La coca se cultiva desde tiempos inmemoriales en la Cordillera de los Andes. La emplean aún actualmente los indios, masticándola con un poco de cal para no sentir fatiga ni hambre. También es muy empleada la infusión de hojas de coca... de ella se extrae la cocaína, empleada como anestésico local.

El arbusto de la coca constituye una de las contribuciones más preciadas de la medicina americana a la medicina actual y universal.

Por la extensión de este pequeño trabajo sólo hemos podido ver una ínfima parte de la botánica americana medicinal, como se comprende. Piénsese solamente en las plantas clasificadas como medicinales por Francisco Hernández y así se podrá comprender la importancia que aún reserva el futuro para la flora americana, que no vacilo en calificar de inexplorada reserva médica. Una conclusión de este trabajo podría ser el llamado a investigar con metodología moderna las plantas medicinales americanas, en las que creo con fundamento se encierra la curación de muchos de los males que afligen al hombre actual.

Por el Dr. Silviano Hernández
Tomado de Alma Mater

ACLARACIÓN:

El presente artículo se concreta a dar una noticia histórica de la botánica medicinal en América. Los editores de la revista ITEM Histórico lamentamos profundamente que actual-mente exista una gran industria dedicada a convertir en drogas perjudiciales a la salud humana, aquellas plantas en que, como lo dice el autor “se encierra la curación de muchos de los males que afligen al hombre actual”.

FRASES HISTÓRICAS

“Un hombre sin historia no ve más que lo que le rodea”.

Federico el Grande.

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