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Competencias digitales: un requisito de competitividad educativa
Las competencias digitales representan una revolución tecnológica en el área educativa.
Por: Dr. Ismael Zamora Tovar, Doctor en Educación
22/Sep/2020
UAG
Una revolución recorre la educación: la revolución de las competencias digitales, tan necesarias en la actual situación de distanciamiento social. Las instituciones educativas sobrellevan estos cambios con nuevas herramientas, recursos y métodos, y en algunos casos con modelos que acotan la brecha de la distancia y el tiempo, a través de la formación virtual. Pero ¿qué tan preparados estamos los docentes para asumir estos cambios?

La respuesta educativa a los desafíos que plantean la revolución tecnológica y la transformación del mercado laboral en una sociedad globalizada y digitalizada transitan, sin duda alguna, por el uso de la tecnología en la educación. Cuando hablamos de tecnología conviene distinguir, por una parte, la particular a cada ejercicio profesional (simuladores financieros, herramientas de mercadotecnia, bases de datos disciplinares, aplicaciones para el diseño, administración de proyectos, etc.), y por otra, la referida a tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y luego al uso pedagógico que se hace de estas en los procesos educativos (TAC).

En los últimos años ha influido notablemente en la educación el uso de las TIC, impulsando determinadas tecnologías y estrategias de enseñanza en todos los niveles educativos, ampliando los escenarios de formación, los espacios de aprendizaje y en general conformando entornos personales de aprendizaje más propicios para la educación. Con ello se han establecido nuevas formas de relación entre estudiantes y profesores, facilitando el acercamiento a los contenidos desde diversas perspectivas y favoreciendo la creación de ambientes de aprendizaje flexibles y enriquecidos.

Sin embargo, para mejorar la calidad y el rendimiento en la educación no basta con la presencia de las TIC, sino que se requieren cambios en la docencia, que implican pasar de utilizarlas únicamente como una forma de transmitir conocimientos a verlas como herramientas para enriquecerlos, crearlos y generarlos. Con esta premisa, la inversión en desarrollo profesional es más relevante que la inversión en recursos tecnológicos, y es importante no restringir la capacitación a su empleo para mejorar las cosas que hacemos sin ellas, sino para hacer las cosas de manera diferente, para innovar en la enseñanza, para valorar lo que se hace y corregir lo que sea necesario.

Desde luego, conviene evaluar los resultados de estos cambios educativos y el papel que desempeñan las TIC en la educación en relación con el nivel de aprendiza-je y el desempeño de los estudiantes en pruebas nacionales e internacionales. Las tecnologías son herramientas, y se obtienen ventajas cuando se utiliza su contenido. Por ejemplo, hay plataformas para desarrollar habilidades de comprensión de lectura, pero no son las plataformas las que desarrollan la lectura, sino que el estudiante debe dedicar tiempo y esfuerzo por comprender la lectura, sea a través de la plataforma o en libros, revistas, etc. Con base en esto, los comercializadores de las plataformas tratan de comprometer al profesor para que los estudiantes las usen, pues de ello depende el éxito.

Como se sabe, la tecnología educativa no disminuye el esfuerzo del estudiante por aprender ni facilita la aprobación de los exámenes; al estudiante le corresponde prestar atención, concentrarse y estudiar, aplicando estrategias que le permitan apropiarse de los contenidos. El profesor tiene la responsabilidad de seleccionar los recursos apropiados, considerando las características de sus estudiantes, la naturaleza de los contenidos de la enseñanza y la evaluación de los aprendizajes esperados, porque la tecnología es un recurso de aprendizaje que, dependiendo de sus características pedagógico-didácticas, facilita o no la comprensión y la transferencia del contenido.

En el caso de las plataformas educativas, es pertinente distinguir la herramienta tecnológica de su contenido. Luego conviene evaluarlas con diferentes criterios y métricas, porque, por ejemplo, el uso de la tecnología educativa en la escuela incrementa la relación educando-computadora, mientras disminuye la relación social, que es uno de los objetivos de la educación básica; además, la educación es un proceso social.

Es claro que, para mejorar los resultados en el aprendizaje, las infraestructuras tecnológicas son necesarias, pero no suficientes, porque para lograr este objetivo es fundamental trabajar con los actores clave del proceso y coordinar sus acciones, apoyando a los profesores para que la enseñanza responda más a las necesidades de los estudiantes y capacitándolos en el nuevo contexto tecnológico.

Es evidente que la formación de los profesores es determinante en su práctica profesional, y la adquisición de competencias digitales para la docencia es un requisito para lograr más y mejores innovaciones en la enseñanza. Estas innovaciones no vienen solo por las TIC, sino que se derivan la perspectiva sistémica de la interacción de una serie de elementos que inciden en el proceso enseñanza aprendizaje, entre ellos los docentes, los estudiantes, los contenidos y los métodos de enseñanza.

En general, hay coincidencia en que para mantener el interés de los estudiantes y ser más efectivos en la enseñanza de hoy ya no es posible que los profesores sean los únicos proveedores de información. La tecnología ha incrementado la cantidad de información disponible y facilitado su acceso, transformando la educación con actividades más progresivas e interactivas.

La formación de los docentes para la utilización de las TIC es hoy una necesidad incuestionable si queremos incorporarlas de manera efectiva y significativa en los procesos de enseñanza aprendizaje, y no como mero un añadido que funcione independientemente del resto de las variables curriculares. La incorporación de estas en el desarrollo profesional de los docentes se ve afectada por elementos tan peculiares como los diversos tipos de conocimientos que estos poseen sobre la tecnología.

El uso de la tecnología en sí misma no produce un resultado positivo en la calidad del aprendizaje y logro de los alumnos, este sigue dependiendo, por una parte, de profesores que sean competentes en el conocimiento de la asignatura que enseñan, en el proceso pedagógico de su enseñanza y en habilidades y conocimientos tecnológicos; y por otra parte, del esfuerzo y aplicación del estudiante en su aprendizaje.

A manera de conclusión, es necesario que los profesores centren sus esfuerzos en adquirir un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarias hoy en día para ser funcional en un entorno digital de educación, es decir competencias digitales docentes. Los estudiantes viven en un contexto digital y requieren de sus profesores nuevas formas no solo para aprender, sino para recibir, producir y compartir conocimiento.

En este sentido, es conveniente no olvidar que el campo de las competencias digitales docentes no se limita al uso de las herramientas tecnológicas (plataformas educativas); implica el dominio de lo que se enseña y el conocimiento de los métodos de enseñanza más adecuados para el aprendizaje. Además, la práctica educativa de los profesores es una actividad dinámica, reflexiva, que comprende los acontecimientos ocurridos en la interacción entre maestro y alumnos. Es decir, no se limita a la ejecución del proceso educativo planeado para la clase, sino que implica dar atención a las necesidades educativas de sus estudiantes.

Finalmente, la ingente cantidad de información disociada de la realidad exige de las escuelas, y desde luego de los profesores, un proceso eficaz de selección del conocimiento, que permita transformar el ambiente de aprendizaje en un ecosistema educativo que oriente los entornos personales de aprendizaje de los estudiantes.

Seguramente tecnologías emergentes como la realidad aumentada y virtual, la internet de las cosas, la proliferación de los MOOC, la analítica de aprendizaje y el incremento de investigaciones sobre sus posibilidades y estrategias de utilización aumentarán la penetración de estos medios en las escuelas.

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