
Académico de la UAG nos comparte una reflexión sobre los deseos.
Deseos del alma, deseos del cuerpo. El anhelo siempre está. Se cumple, se alcanza. ¿Esto era todo, se pregunta el espíritu? -No, no me bastó. No me satisfizo del todo.–
Deseamos más, queremos más. Hay gozo, más gozo, luego se acaba y, ¿qué sigue? Volver a desear, esperar un futuro mejor. - ¡Cuando, esto pase, entonces, seré feliz! -. Pero no, no es eso, pues pasará y se querrá otro momento para serlo. Pues, tenemos deseos de infinito, y solo un ser infinito, es capaz de llenarnos del todo.
Y es que, si se fija bien, estimado lector, siempre estamos deseando más. Está fuera de duda que siempre deseamos la felicidad. Todo lo que hacemos es en pos de ese estado de paz, de absoluta satisfacción. Y le ponemos fecha de caducidad.
Siempre se desea más, aunque los deseos sean finitos.
-Cuando me case seré feliz, cuando tenga un hijo seré feliz, cuando saque mi primer auto de agencia seré feliz–.
Y así vamos por la vida, poniendo fechas para la felicidad, sin darnos cuenta de que, aunque lleguen esos momentos, mismos que, sin duda nos harán sentir bien, pero son eso, “momentos”. Y el alma se pregunta - “¿Y luego qué?”- ¿Qué sigue, porqué dura tan poco, la dicha?
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Y es que, siempre queremos más. No es que seamos insaciables. Si no, que, nuestros deseos son infinitos. Pero, los bienes de esta vida son finitos, tienen límites. Por eso no nos llenan del todo; satisfacen hasta cierto punto, pero hasta ahí.
Entonces, ¿no podremos ser cien por ciento felices? He ahí la cuestión. ¿Podemos ser del todo felices? Razonemos: Si nuestros deseos son infinitos, solo algo infinito podría colmarlos. Ahora, preguntémonos, ¿el dinero es infinito o tiene límites? Todo indica que tiene límites, luego, no es capaz de colmar nuestros deseos infinitos. La fama, la salud, la belleza, ¿son infinitos? Pues tampoco, tienen, también, términos.
Entonces, ¿Qué es ilimitado? ¿Qué nunca se extingue? ¿Qué lo llena todo? ¿Qué lo abarca todo? ¿Estamos entonces, condenados a ser insatisfechos?
¡Pues, no! Lo bueno es que, hay un ser infinito. ¿Quién es, cómo se alcanza, cómo se hace uno de él, sin perderlo jamás?
Bueno, pues en esta entrega solo hablaremos del ser infinito. De seguro ya lo intuyó, estimado lector. O quizá dijo: -este es conservador por lo que, va a salir con que es Dios-. Pues sí, le atinó. Luego, haremos una reflexión de porqué se sostiene que Dios es el ser infinito. Por lo pronto quedémonos con esto. Así que, la tarea es reflexionar al respecto.
Dr. Héctor Salvador Echeagaray Guerrero
Es Académico de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Actualmente es Director del Departamento de Filosofía de la UAG. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Periodismo; además cuenta con una Maestría y Doctorado en Filosofía.


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