
Su popularidad entre los jóvenes sigue en aumento, pero los beneficios que prometen podrían ser menores de lo que muchos creen.
Las bebidas energéticas se han convertido en una alternativa frecuente entre estudiantes universitarios que buscan mantenerse despiertos durante extensas jornadas académicas o incrementar su nivel de concentración.
No obstante, detrás de esta aparente solución existe una mezcla de sustancias estimulantes que puede generar efectos adversos para la salud y, contrario a lo que muchos creen, no garantiza un mejor desempeño académico o físico.
La publicidad impulsa su popularidad
El éxito de las bebidas energéticas entre los jóvenes responde, en gran medida, a estrategias de mercadotecnia dirigidas a este sector de la población.
Las bebidas energéticas mezclan sustancias estimulantes que pudieran tener efectos a la salud.
Sus envases llamativos, campañas publicitarias y mensajes relacionados con la productividad, el éxito y el alto rendimiento conectan fácilmente con estudiantes universitarios.
A esto se suma la influencia de artistas, deportistas e influencers que promueven su consumo, lo que contribuye a normalizar su presencia en la vida cotidiana.
Como resultado, muchas personas perciben estas bebidas como una herramienta necesaria para afrontar las exigencias académicas y sociales.
¿Qué contienen las bebidas energéticas?
Estos productos suelen incluir cafeína, glucosa, vitaminas del complejo B, taurina, guaraná y otros compuestos con efecto estimulante sobre el sistema nervioso.
Su función principal consiste en incrementar temporalmente el estado de alerta y disminuir la sensación de cansancio. Sin embargo, los especialistas señalan que no eliminan la fatiga ni proporcionan energía sostenida.
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Este tipo de bebidas contienen cafeína, glucosa, taurina y otros compuestos con efecto en el sistema nervios.
La cafeína actúa sobre receptores cerebrales relacionados con la adenosina, un neurotransmisor que participa en la regulación del sueño.
Esto retrasa la percepción del cansancio, aunque el agotamiento continúa acumulándose en el organismo.
Una sensación pasajera de energía
Muchas personas experimentan una mejora momentánea en la concentración y el estado de alerta después de consumir estas bebidas. Sin embargo, sus efectos tienen una duración limitada.
La cafeína puede permanecer en el organismo entre tres y siete horas, dependiendo de
factores individuales, periodo durante el cual incrementa la frecuencia cardiaca y estimula diversos procesos metabólicos.
Por su parte, la glucosa aporta energía rápida, pero las altas concentraciones de azúcar y la combinación con otros estimulantes pueden provocar cambios bruscos en los niveles de energía. Tras desaparecer sus efectos, suele presentarse un mayor agotamiento físico y mental.
Este fenómeno se conoce como fatiga de rebote, ya que el cuerpo continúa acumulando cansancio mientras la sensación de fatiga permanece parcialmente bloqueada.
Señales de consumo excesivo de bebidas energéticas
Entre los síntomas más frecuentes asociados a un exceso de cafeína se encuentran:
Las personas que consumen cafeína de forma habitual pueden desarrollar tolerancia, por lo que algunos de estos efectos pueden resultar menos evidentes con el paso del tiempo.
¿Cuál es el riesgo de mezclar bebidas energéticas con alcohol?
Uno de los principales peligros aparece cuando las bebidas energéticas se mezclan con alcohol.
Mientras los estimulantes incrementan el estado de alerta, el alcohol actúa como depresor del sistema nervioso central.
Esta combinación puede dificultar la percepción real del nivel de intoxicación, lo que favorece un mayor consumo de alcohol y aumenta el riesgo de intoxicaciones severas.
No es recomendado mezclar bebidas energéticas con alcohol, ya que puede traer complicaciones graves a la salud.
En situaciones extremas, las consecuencias pueden derivar en complicaciones graves e incluso poner en riesgo la vida.
No mejoran el rendimiento académico ni deportivo
A pesar de su popularidad, las bebidas energéticas no constituyen una estrategia efectiva para mejorar el desempeño intelectual o físico.
Aunque generan una sensación temporal de activación, no compensan el desgaste acumulado ni optimizan la capacidad de estudio, aprendizaje o entrenamiento.
Además, no cumplen con las características de una bebida deportiva diseñada para favorecer la hidratación o el suministro eficiente de energía durante la actividad física.
Al día se recomienda consumir 400 miligramos de cafeína, lo que equivale a 4 tazas de café.
Las elevadas concentraciones de azúcar también pueden ralentizar el vaciamiento gástrico, lo que dificulta la absorción adecuada de nutrientes durante el ejercicio.
¿Cuál es el consumo recomendado de cafeína?
Para la población adulta sana, la recomendación general es no superar los 400 miligramos de cafeína al día, cantidad equivalente aproximadamente a cuatro tazas de café.
En el ámbito deportivo existen protocolos específicos que consideran el peso corporal y los objetivos de cada persona, los cuales deben aplicarse bajo supervisión profesional.
Las alternativas más saludables
Para mantener un buen rendimiento físico y mental, los especialistas recomiendan fortalecer hábitos que aportan beneficios sostenidos:
También se aconseja una ingesta diaria de entre dos y tres litros de agua, cantidad que puede aumentar en temporadas de calor o cuando existe una mayor pérdida de líquidos por sudoración.
La verdadera fuente de energía
Las bebidas energéticas pueden proporcionar una sensación temporal de alerta, pero no sustituyen el descanso, la alimentación adecuada ni los hábitos saludables.
Para estudiantes universitarios y personas con altas demandas físicas o mentales, la estrategia más efectiva continúa siendo una combinación equilibrada de sueño, ejercicio, hidratación y una adecuada orientación profesional cuando se persiguen objetivos específicos de rendimiento.
Lic. Adrián Jacob Martínez Rubio
Es Licenciado en Nutrición y maestrante en Nutrición, Actividad Física y Deporte. Cuenta con más de 10 años de experiencia docente en educación superior, es Educador en Diabetes por la Asociación Mexicana de Diabetes en Jalisco, A.C., e Instructor Nivel 3 certificado por ISAK. Actualmente es profesor en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la UAG.
Su trayectoria se ha enfocado en la nutrición deportiva, la antropometría y la prevención de enfermedades no transmisibles. Además, es miembro afiliado del American College of Sports Medicine (ACSM) y conferencista en temas relacionados con salud y nutrición.


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