
Los cambios de la menopausia van más allá de las hormonas. La ciencia estudia nuevas formas de proteger el metabolismo y reducir algunos de los riesgos asociados con esta etapa.
La menopausia suele asociarse con los cambios hormonales, los bochornos y el final de la etapa reproductiva. Pero lo que ocurre en el organismo va mucho más allá.
Cuando disminuyen los estrógenos, también cambia la manera en que el cuerpo utiliza y almacena la energía.
La distribución de la grasa puede modificarse, aumenta la posibilidad de acumularla alrededor del abdomen y pueden aparecer cambios en la forma en que el organismo maneja el azúcar y las grasas.
Esto ayuda a explicar por qué, después de la menopausia, algunas mujeres enfrentan un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, como prediabetes, colesterol elevado, hígado graso y enfermedades cardiovasculares.
Un estudio internacional con más de 40 mil mujeres de 18 países encontró que quienes tuvieron una menopausia natural antes de los 50 años presentaron un 32 % más de riesgo de desarrollar enfermedad hepática por grasa asociada a problemas metabólicos durante los siguientes cinco años.
El dato plantea una pregunta importante: ¿qué papel juegan los estrógenos en la protección del metabolismo y, sobre todo, podemos recuperar algunos de sus beneficios?
El problema no es solamente ganar grasa
Cuando hablamos de aumento de peso solemos pensar que toda la grasa es igual. En realidad, no lo es.
El cuerpo tiene diferentes tipos de tejido adiposo y cada uno cumple funciones distintas. Algunos almacenan energía, mientras que otros pueden utilizarla y convertirla en calor.
Algo parecido ocurre dentro de las células. No todos los lípidos (las moléculas que comúnmente identificamos como grasas) tienen el mismo efecto.
Por eso, desde la perspectiva del metabolismo, no importa únicamente cuánta grasa acumula una persona, sino dónde se encuentra y qué hace el organismo con ella.
Por ejemplo, cuando determinadas grasas se acumulan en órganos como el hígado y las células no pueden procesarlas de manera adecuada, pueden provocar daños. Es uno de los procesos relacionados con el desarrollo del hígado graso.
En otras palabras, el organismo no solo necesita controlar cuánto combustible recibe, sino también aprender a utilizarlo correctamente.
¿Qué tienen que ver los estrógenos?
Los estrógenos cumplen muchas funciones además de las relacionadas con la reproducción. También ayudan a regular procesos relacionados con la energía, la glucosa y las grasas en diferentes partes del cuerpo.
Para ejercer algunas de estas funciones, los estrógenos utilizan estructuras conocidas como receptores. Entre ellos destacan ERα y ERβ.
Durante años, gran parte de la atención se concentró en ERα. Sin embargo, diferentes investigaciones han mostrado que ERβ también puede tener un papel importante, especialmente cuando disminuyen las hormonas producidas por los ovarios.
Esto abre una posibilidad interesante: en lugar de intentar sustituir todos los efectos de los estrógenos, ¿sería posible recuperar solamente algunos de los beneficios que ofrecen?
Los estrógenos, además de las funciones reproductivas, regulan los procesos relacionados con la energía, glucosa y la grasa en el cuerpo.
Esa es una de las preguntas que actualmente explora la investigación.
Una molécula experimental ofrece una pista
Un grupo de investigadoras del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo, liderado por Débora Santos Rocha, estudió qué ocurre cuando se activa de manera selectiva el receptor ERβ.
Para hacerlo utilizaron DPN, una molécula experimental que permite activar este receptor en particular.
Los resultados fueron llamativos. En ratas que habían perdido la función de los ovarios, la activación de ERβ mejoró diferentes indicadores relacionados con el metabolismo, entre ellos los niveles de glucosa, colesterol, triglicéridos y otras grasas presentes en la sangre.
Pero lo más interesante ocurrió en el hígado.
Los investigadores descubrieron que el efecto no consistía simplemente en “quitar” la grasa acumulada.
El hígado parecía cambiar la manera en que manejaba esa grasa y aprovechar mejor algunos de los combustibles disponibles.
Este punto resulta especialmente importante porque cambia la manera de entender el problema.
La meta no siempre tiene que ser eliminar toda la grasa. También puede consistir en conseguir que las células sepan qué hacer con ella.
Una posible protección para diferentes órganos
La investigación sobre ERβ tampoco se limita al hígado.
Otros estudios experimentales han encontrado resultados prometedores en órganos como el riñón y el cerebro.
En modelos animales, la activación de ERβ ayudó a reducir algunos daños relacionados con el estrés celular y favoreció mecanismos de reparación en el riñón.
En el cerebro, investigadores también han observado efectos relacionados con la memoria, las alteraciones asociadas con el Alzheimer y el funcionamiento de las mitocondrias, estructuras que funcionan como las principales fuentes de energía de las células.
Estos resultados no significan que exista ya un tratamiento para prevenir estas enfermedades. Se trata de investigaciones realizadas principalmente en modelos experimentales y todavía falta conocer si estos beneficios pueden trasladarse de manera segura a las personas.
Sin embargo, sí ofrecen una pista: un mismo receptor podría tener funciones importantes en diferentes órganos.
Estudios han demostrado que activar de manera selectiva el receptor Erβ posiblemente sirve de protección para los órganos.
La búsqueda de tratamientos más precisos
La terapia hormonal puede ser una alternativa para algunas mujeres durante la menopausia, pero no todas pueden utilizarla.
Además, los estrógenos tienen efectos en muchos tejidos, por lo que encontrar una forma de activar únicamente los beneficios deseados representa un reto importante para la ciencia.
Aquí aparece el concepto de una farmacología metabólica de precisión.
La idea es sencilla: en lugar de utilizar una estrategia general para todas las mujeres, buscar tratamientos capaces de actuar sobre mecanismos específicos y adaptarse mejor a las características de cada paciente.
Para lograrlo, herramientas como la lipidómica y la metabolómica permiten estudiar con mucho mayor detalle qué ocurre con las grasas y otras sustancias dentro del organismo.
En el futuro, esto podría ayudar a identificar qué mujeres tienen mayor riesgo de desarrollar determinados problemas metabólicos después de la menopausia y qué tipo de intervención podría resultar más adecuada para ellas.
Una nueva forma de entender la menopausia
La menopausia no es una enfermedad. Es una etapa natural de la vida. Sin embargo, los cambios que ocurren durante ella pueden modificar diferentes procesos del organismo y, en algunos casos, aumentar determinados riesgos para la salud.
La investigación sobre ERβ plantea una posibilidad interesante: quizá no sea necesario intentar recuperar todos los efectos de los estrógenos, sino identificar cuáles de ellos ofrecen protección y cómo activarlos de manera selectiva.
Todavía falta mucho por investigar. La molécula utilizada en estos estudios, DPN, no es un medicamento aprobado y los resultados experimentales no significan que pueda utilizarse como tratamiento.
Dr. Miguel Beltrán, Profesor-Investigador de la UAG.
Pero cada descubrimiento ayuda a acercarse a una medicina más precisa, capaz de entender que no todas las mujeres viven la menopausia de la misma manera y que tampoco todos sus cambios metabólicos son iguales.
Los resultados de estas investigaciones abren una línea de estudio que puede contribuir a comprender mejor los cambios metabólicos asociados con la menopausia.
El reto consiste en identificar cuáles son los efectos protectores de los estrógenos que pueden recuperarse de manera selectiva y cómo hacerlo con mayor precisión y seguridad.
La bioquímica comienza con una molécula, pero adquiere sentido cuando somos capaces de conectar esa molécula con una célula, una enfermedad y, finalmente, con una persona.
Ese vínculo entre el conocimiento científico y sus posibles aplicaciones es el que permite avanzar hacia soluciones que respondan a necesidades reales de salud.
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