
Reconocido chef español imparte conferencia a estudiantes de la Lic. en Negocios Gastronómicos.
El chef impartió una charla con estudiantes de Negocios Gastronómicos de la UAG.
Aprendizaje, gratitud, resiliencia, esfuerzo y convicción, no son solo palabras bonitas para una conferencia, son las palabras que describen una vida que se fue construyendo poco a poco, con decisiones difíciles, con puertas que no siempre se abrían y con una fe constante en algo que, al inicio, parecía imposible.
Un viaje que cambió todo
Jesús Ariel tenía 24 años cuando llegó a Cancún, proveniente de España, de vacaciones. No venía con un plan claro ni con una estrategia definida. Solo tenía curiosidad y ganas de vivir algo distinto.
Lo que no imaginaba era que ese viaje marcaría el inicio de la historia más importante de su vida.
Le ofrecieron trabajo en un hotel y decidió quedarse. No fue una decisión sencilla. Significaba dejar atrás lo conocido, la seguridad, lo que ya estaba establecido. Pero algo dentro de él le decía que tenía que intentarlo.
Hoy, a sus 39 años, cuando contó su historia frente a un auditorio atento lleno de estudiantes de la Licenciatura en Negocios Gastronómicos, de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), no habló desde la comodidad del éxito. Habló recordando a ese joven que sintió miedo, que dudó, pero que aun así decidió no retroceder.
Nada fue casualidad
Jesús estudió Psicología, su camino, en teoría, iba por otro lado; sin embargo, trabajaba en un restaurante italiano y, sin darse cuenta, estaba aprendiendo cómo funcionaba una cocina profesional, cómo pensaban los chefs y cómo se movía el mercado gastronómico.
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En algún momento pensó en llevar trufas a Rusia. Era una idea grande, ambiciosa. Pero su papá le dio un consejo simple que terminó cambiando todo: “Llévalas a México”.
Ese consejo no fue solo una sugerencia comercial. Fue un acto de confianza. Fue respaldo. Fue ese empujón que a veces necesitamos para atrevernos a dar el siguiente paso.
Las puertas que no se abrían
El inicio no fue espectacular ni perfecto. Fue real. Jesús recorría restaurantes con hieleras llenas de trufas frescas. Tocaba puertas sin cita. Se presentaba, explicaba su producto y dejaba que el aroma hiciera su parte.
Muchas veces recibió un “no”. O un “déjanos tu contacto”. O simplemente miradas de duda.
En su charla confesó que hubo días en los que pensó que quizá no era suficiente. Días en los que el cansancio pesaba más que la motivación. Pero también hubo pequeños momentos que lo sostuvieron: la primera venta, la primera recompra, el primer chef que confió en él.
Durante su charla habló de las trufas y cómo ha sido el crecimiento de su empresa.
Así nació Trivio. No como una gran empresa desde el principio, sino como una apuesta personal que fue creciendo con paciencia y constancia.
Más que trufas, una decisión constante
Hoy Trivio comercializa trufas en México y Sudamérica. Pero más allá del crecimiento del negocio, lo que realmente se fortaleció fue su determinación.
Jesús explicó que nada de lo que vivió fue desperdiciado. La Psicología le permitió conectar mejor con las personas. El trabajo en el restaurante le dio conocimiento del producto. Y cada negativa le enseñó resiliencia.
Su historia no es solo la de un negocio gourmet. Es la historia de alguien que decidió seguir insistiendo cuando lo más fácil hubiera sido rendirse y una inspiración para los estudiantes de Negocios Gastronómicos de la UAG.
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